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jueves, 24 de marzo de 2011

Los ojos violeta que volvieron loco al actor Richard Burton

“¿Alguien te ha dicho alguna vez que eres una chica muy bonita?”. Así, de una forma tan manida como cursi comenzó la historia de amor más turbulenta del cine, la que protagonizaron Cleopatra y Marco Antonio, Elizabeth Taylor y Richard Burton.

Fue en el rodaje de la mastodóntica película sobre la reina de Egipto, en 1961, cuando se produjo el encuentro que marcaría la historia de ambos actores pero también la del cine, que vio cómo, una vez más, la realidad superaba la ficción más retorcida.

Se habían conocido unos años antes pero el flechazo se produjo en una pausa del rodaje del filme de Joseph Leo Mankiewicz, un proyecto en el que Taylor era la gran estrella, con un sueldo faraónico para la época, de un millón de dólares.

La dueña de los ojos violetas más impresionantes del cine traía consigo, con tan sólo 29 años, tres matrimonios fallidos -con Conrad Hilton, Michael Wilding y Michael Todd- y un cuarto a punto de terminar, con Eddie Fisher, tras el escándalo que supuso el comienzo de su relación con él cuando aún estaba casado.

Pero sería un galés rudo a la vez que cultivado, con una fuerza natural innegable y un inmenso talento para actuar, amar y beber el que conquistaría el corazón de la que estaba considerada como la mujer más bella del mundo.

Tras el encuentro en el rodaje de “Cleopatra” llegó una primera etapa de amor y pasión dentro y fuera de la pantalla, que acabó en 1964 en el primer matrimonio de la pareja -segundo para él, quinto para ella.

Su relación era en todo momento extrema y excesiva, pasaba del amor al odio, del rechazo a la dependencia absoluta de una manera tan brutal como pública.

Con pocas y precisas palabras, Burton definió su relación: “Podría escapar de ella durante miles de años y seguiría siendo mi bebé. Nuestro amor es tan violento que nos abrasamos mutuamente”.

Un fuego que vivieron frente al público, que fue testigo de sus broncas, sus borracheras, sus adicciones, sus debilidades. Se convirtieron en la pareja de moda sin pretenderlo y sin fingir lo que no eran.

“Who’s afraid of Virginia Woolf”, por la que la actriz ganó uno de sus dos Óscar, fue un claro y descarnado reflejo de lo que pasaba en la vida real. La historia agresiva de una pareja alcoholizada y amargada plasmó con un realismo doloroso lo que Taylor y Burton vivían más allá de las pantallas.

Una relación autodestructiva que les impedía vivir juntos o separados. El primer divorcio llegó en junio de 1974 y el segundo matrimonio en octubre de 1975.

Apenas unos meses -hasta agosto de 1976- duró la segunda tentativa para un amor que sin embargo no se apagó.

Pese a los matrimonios posteriores de ambos, siguieron manteniendo un estrecho contacto y sus conversaciones telefónicas duraban horas.

Después de la muerte de Burton, su imagen siguió presente en múltiples fotos en la casa de Liz y las cartas de amor que le escribió durante años, en el cajón de su mesilla de noche.

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