domingo, 31 de agosto de 2014

Jorge Sanjinés habló de la producción boliviana “Últimas películas acabaron con el prestigio del cine”


LA PRESENTACIÓN DE UNA DE LAS RECIENTES OBRAS DE SANJINÉS, ACTO AL QUE ASISTIÓ EL PRIMER MANDATARIO DE BOLIVIA.

Jorge Sanjinés, uno de los mejores cineastas bolivianos de los últimos 30 años, considera que las últimas películas producidas en el país han devaluado su prestigio, por la falta de rigurosidad en la realización y el facilismo de las nuevas tecnologías.

Irreverente en sus respuestas, muy crítico a la hora de analizar la actual coyuntura cinematográfica, el director de Ukamau indica sin embargo que no todo está perdido.

Resalta la aparición de una nueva “camada” de amantes del buen cine que le están peleando muy bien. Sanjinés habló con Erbol y no se guardó nada.

-¿Cómo usted evalúa la situación del cine boliviano en la actualidad?

-El cine boliviano tiene un grave problema en la medida en que el Estado no reacciona, con relación a la responsabilidad que tiene para financiarlo y sacarlo adelante.

-¿El problema de financiamiento sólo es aquí?

-Quiero darle una idea, el Gobierno brasileño destina 480 millones de dólares para promocionar y activar la cinematografía a nivel nacional. Bolivia destina muy poco para el mismo rubro.

-¿El Estado boliviano cuánto invierte?

-No sé, pero es una cantidad mínima. Yo calculo que es unos 200 mil dólares.

-Si es así, ¿Cuánto costará la película Juan Azurduy?

-Tendrá un costo de millón y medio de dólares

-¿Usted identifica a los recursos económicos como un único problema que soporta nuestro cine?

-Claro que no. Hay problemas con la tecnología. La nueva tecnología ha creado un facilismo. Cualquier persona agarra una cámara con alta definición, con poco costo y se pone hacer una película. En los últimos años, han aparecido una cantidad de películas que han acabado con el prestigio que tenía el cine nacional. El público joven que no ha visto el cine de antes se decepciona. Entonces (sólo observando las producciones actuales) lo generaliza y piensa que no hubo buen cine. La nueva tecnología tiene ventajas innegables, no exige el rigor de antes, cuando no había esa tecnología. (Le cito un ejemplo), para dar la orden de acción en una escena cuando filmábamos en un celuloide, teníamos que pensarla muy bien. Teníamos que pensarla muchas veces. Hoy día no hay ese rigor y eso ha influenciado negativamente. No podemos generalizar que todo el cine nuevo es así, pero la mayor parte está con ese problema.

-¿La producción cinematográfica en países vecinos cómo se protege de este mal al que usted hace referencia?

-El Estado brasileño ha creado su propia industria. Voy a poner el ejemplo de un cañón de guerra, en un país como Brasil hay casas especializadas, donde uno alquila armas de esa época. Aquí no existe ello. Ahí se puede observar la rigurosidad de los cineastas en el momento de encarar una producción.

-¿Pero cómo evalúa la presencia de nuevos cineastas en el país, dejando de lado esas observaciones a las que hace referencia?

-Han aparecido camadas de jóvenes cineastas de muy buen nivel. Le recuerdo que el personal de esta película (Juana Azurduy) supera las 70 personas, cada uno con una especialidad de diferente área. Eso es importante y bueno.

-¿Esta precariedad del cine boliviano es una aventura para los cineastas?

-Claro, estamos en un mercado muy pequeño. Una película boliviana por más exitosa que sea, no alcanza a recuperar sus costos. La nueva tecnología también alejó a los espectadores de la pantalla del cine. La gente se compra un video en la calle y ve en su casa una buena película.

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