miércoles, 27 de abril de 2011

‘Blackthorn’ resucita con éxito a Cassidy en el altiplano boliviano

Más de una generación de cineastas españoles se crió viendo películas de vaqueros frente a una televisión de antaño que no ofrecía alternativas. Era cuestión de tiempo que aquella cultura de hombres duros se colara por las rendijas del cine español.

Ahora, el reto se multiplica si la película se presenta frente a un público estadounidense, por mucho que sea un atrevido homenaje al género rodado en inglés y firmado por Mateo Gil, conocido por su trabajo como coguionista con Alejandro Amenábar.

Gil dirigió el western Blackthorn, escrito por Miguel Barros, junto al que se ha atrevido a resucitar al legendario bandido Butch Cassidy. A la salida de la proyección del filme, el pasado domingo en el Festival de Cine de Tribeca, donde compite en su sección oficial, la gente se arremolinaba para felicitar a los cineastas, e incluso hubo distribuidores que mostraron interés en estrenarla comercialmente, un sueño, tanto para Gil como para Barros, que pelearon durante seis años para conseguir que esta película llegara a hacerse.

“El guión nació de un viaje que hice a Bolivia con la idea de hacer un documental político que no salió y a la vuelta, después de descubrir que allí la leyenda de Butch Cassidy aún seguía muy presente, me puse a escribir. Mateo lo leyó y le entusiasmó, pero hubo muchos momentos en que pareció que no se filmaría”, comentaba Barros —responsable del documental Los sin tierra— tras la proyección. “Queríamos hacerla en español. Nadie nos la financiaba así que optamos por el inglés. Y mostrarla aquí es la prueba de fuego”, explica Gil, tan nervioso como feliz por el estreno.

Sin embargo, pese a que ya no sea un género de moda, Blackthorn tiene muchos atractivos: es una película de aventuras sólida y entretenida, con algunos momentos mágicos aliñados por la espectacularidad del altiplano boliviano y en la que además se revisa a un personaje legendario, tanto del mundo real como del cine.

La cinta es la resurrección de Cassidy, al que da vida el veterano actor Sam Shepard. El espectador se reencuentra con ese personaje que inmortalizó para el celuloide Paul Newman en Dos hombres y un destino, transformado en un hombre mayor que dejó que el mundo pensara que había muerto y que tras años en Bolivia decide regresar a casa.

Su última aventura la compartirá con un ladrón español, interpretado por Eduardo Noriega, con el que volverá a recordar, aunque sea por poco tiempo, el valor de la amistad. “Es una película cargada de nostalgia, es inevitable cuando haces un western. Sin embargo, pese a la asociación que suele hacerse con Dos hombres y un destino, nuestra referencia es Grupo salvaje y todas las películas de Sam Peckinpah”, dice Gil.

“Siempre quise dirigir, aunque la vida me puso al lado de Amenábar y me embarqué como guionista. He aprendido muchísimo a su lado, pero el sueño seguía ahí”. Gil lleva años tratando de filmar Pedro Páramo, “aunque el proyecto siempre se viene abajo”. Todo es cuestión de tenacidad. “Algún día ese también saldrá”.

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