miércoles, 15 de enero de 2014

Johnny Knoxville presenta ‘El abuelo sinverguenza’

El abuelo sinvergüenza narra las locas aventuras de Irving Zisman (Johnny Knoxville), un octogenario fuera de lo común que emprende un viaje por Estados Unidos junto a su nieto de ocho años, Billy (Jackson Nicoll), con el fin de llevarlo a casa de su papá.

Sin embargo, a lo largo de la historia, el director Jeff Tremaine intercala divertidas cámaras escondidas realizadas a gente real con bromas realmente pesadas.

EL ABUELO DE MODA

Tener un abuelo que enseñara malas palabras, términos nada apropiados y hasta beber alcohol y cerveza (además de fumar) parece que fue el sueño de muchos adolescentes.

¿La bendición? Billy, su nieto, es un niño de 8 años que recibe esta educación que hace reír a carcajadas a veces y por cinismo, en muchas otras. Y todo está vertido en esta cinta “de los creadores de Jackass y las millones de bromas babosas que llegan hasta el hospital con fracturas estúpidas”.

La historia de Irving, intepretado por Johnny Knoxville, es sencilla: es un viejo de ochenta y tantos años que perdió a su esposa y que debe entregar a su nieto a su padre, pero que vive lejos de su residencia. El viaje para llevar a Billy con su papá es épico: se topan con todo tipo de establecimientos que le dan forma a una serie de bromas que en la mayoría de los casos hacen reír, pero en otros hacen indignar a los que las sufrieron.

Esa es la fórmula del filme El abuelo sinvergüenza (Bad Granpa): llevar al extremo las bromas para que no solo parezcan reales, sino que estén relacionadas con contexto estúpidamente real. Lo mismo se ve a Billy llamando “Cinnamon” a una encargada de una tienda para adultos (y que sí podría verse bailando arriba de una mesa, la verdad), que a un Irving estrellando su auto contra un enorme pingüino de fibra de vidrio, con la clara consecuencia del dueño iracundo y pidiendo el pago por los daños.

Se trata de un humor negro: ácido, muy planeado y lleno de referencias escatológicas, que por alguna razón funcionan para aquellos que quieren irse de bruces mientras ven a un niño de 8 años bailar ‘You’re my cherry pie’ mientras se quita la ropa de un concurso de belleza infantil.

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