jueves, 23 de febrero de 2012

Actrices, un Oscar y la maldición

En 1998 Helen Hunt ganó el Oscar por “Mejor Imposible”. Se divorció seis meses después de casarse.
Gwyneth Paltrow ganó el premio en 1999. En ese momento estaba en una relación seria con Ben Affleck. A los dos meses terminaron.


En 2005, luego de que Hillary Swank ganó su segundo Oscar por “Million Dollar Baby”, terminó su matrimonio con Chad Lowe, a quien ella llamó “mi todo” en su discurso de aceptación.


Julia Roberts ganó el premio en 2001 y rompió con su novio de cuatro años, Benjamin Bratt, tres meses después de recibir la estatuilla.


Halle Berry ganó en 2002 y dijo que su esposo Eric Benet era “la alegría de mi vida”. La pareja terminó meses después.


Charlize Theron ganó el Oscar en 2004 y meses después terminó con su pareja de años, Stuart Townsend.


Reese Witherspoon aceptó su premio en 2006. Al final de ese año terminó con su esposo, el actor Ryan Philippe, con quién tiene dos hijos.


Kate Winslet, que ganó por el filme “The Reader” en 2009, finalizó su matrimonio con el director con el que tiene dos hijos, Sam Mendes.


Sandra Bullock ganó el premio el 2010. Meses después se separó de su esposo Jesse James. *Las únicas dos mujeres que ganaron un Oscar y evadieron “la maldición” son Helen Mirren, que ganó para “The Queen” en 2007, y Marion Cotillard, que ganó por “La Vie en Rose” en 2008.


Masculinidad, una flor delicada

La sabiduría convencional dice que los hombres se hacen. Y es que la hombría es un estatus social, algo que el hombre asimila históricamente y través de demostraciones brutales de fuerza física u otras hazañas riesgosas delante de los amigos. Esto marca la transición de niño a hombre. Pero, mientras la masculinidad es obtenida de manera difícil, puede perderse fácilmente.


Una vez ganada, un hombre debe seguir probando lo que vale a través de acciones “viriles”. En la sociedad moderna eso ya no significa matar al mamut más grande. Hoy la prueba de masculinidad es ganándose una vida decente, tener dinero y proteger a la familia. Una mala jugada, como perder su trabajo o decepcionar a la familia, por ejemplo, y esa identidad de género se desaparece.


Este fenómeno ayuda a explicar por qué los hombres son tan susceptibles cuando se trata de su masculinidad o virilidad. Las mujeres no tenemos el mismo problema. Ser mujer es visto como algo innato e inmutable: las niñas se convierten en mujeres a través de la pubertad y, una vez alcanzada, nadie te la quita.


En una serie de estudios, los psicólogos Jennifer K. Bosson y Joseph A. Vandello, de la University of South Florida decidieron probar la idea. Su pregunta fue, ¿los hombres modernos siguen usando la acción física y la agresión para probar su virilidad?


En un estudio, investigadores preguntaron a participantes que terminen las oraciones que comenzaban con “Un verdadero hombre...” o “Una verdadera mujer…”. Analizaron si las oraciones eran completadas con acciones y comportamientos momentáneos (como “manejar un buen auto”) o cualidades perdurables (como “ser honesto”). Los resultados revelaron que los hombres describen un “verdadero hombre” con acciones efímeras, no adjetivos perdurables, y describen una “verdadera mujer” con adjetivos perdurables, no acciones momentáneas. Esto explica por qué ellos toman riesgos físicos para probar su virilidad, especialmente cuando ésta ha sido amenazada, dicen los autores.


En otro estudio, investigadores hicieron un experimento que amenaza la masculinidad del hombre: les pidieron que trencen cabello, mientras que un grupo de control trenzó una cuerda. Luego se les dio dos opciones: pegar una bolsa de boxeo o terminar un rompecabezas. Los que trenzaron cabello querían ir a pegar la bolsa, mientras que los que trenzaron la cuerda, no tanto. En una segunda fase del experimento se descubrió que los hombres que pegan algo muestran menos ansiedad que los que no hacen nada. “Estos hallazgos son evidencia que los hombres usan despliegues de agresión física para restaurar su virilidad cuando ésta ha sido amenazada”, afirmaron los autores.


¿Por qué importa esto? El hecho que los hombres vean su masculinidad como algo tan precario tiene repercusiones en su comportamiento. Además, serás más comprensiva cuando te encuentres frente a ese “comportamiento macho” de competidor agresivo que ellos tienen.

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