domingo, 9 de octubre de 2011

Grata sorpresa del casi desconocido (para nosotros) cine  producido en Panamá. Cáustico retrato familiar

De la actualidad del cine panameño nos enteramos con la misma frecuencia con la cual tomamos noticia de las últimas novedades del cine de Kirguistän. O sea: nunca.

No es que se trate de una industria boyante, ni mucho menos, pero algo pasó desde que el 14 de abril de 1897 tuviera lugar la primera proyección de películas en el denominado Istmo, que por entonces no era todavía un país “independiente” —recuérdese que la separación de Colombia ocurrió en 1903—.

Valga entonces la oportunidad del estreno de Chance para este somero rebobinado. Una vez producida la escisión, los camarógrafos del ejército norteamericano rodaron innumerables documentales, y si bien existen datos de noticieros hechos por panameños, no es hasta 1946 cuando Luis Carlos Nieto filma Al calor de mi bohío, el primer mediometraje de ficción del que se cuenta con evidencia probada. Recién en una fecha tan tardía como 1949, Panamá Sono Films produce el primer largo de ficción: Cuando muere la ilusión de Rosendo Ochoa y Carlos Ruiz, adscrito como el anterior al denominado “cine de pecadoras”, historias truculentas de mujeres seducidas y abandonadas por rufianes de pésima calaña.

Entre los 50 y 60 se rodaron entre tres y cinco largos, antes de que la influencia de la TV promoviera, entrados los 70, la formación de varios grupos, de documentalistas especialmente, entre los que sobresalió el Grupo Experimental de Cine Universitario, responsable de la producción de múltiples intentos de reflejar con un sentido crítico y políticamente radical el conflicto por los tratados del Canal de Panamá. Treinta documentales, cortometrajes mayormente, fueron el aporte del GECU a esa época tormentosa, bajo la presidencia de Omar Torrijos. Era la época del “cine-fusil”, de la ”estética de la miseria”, de la confianza en el poder casi ilimitado de las imágenes para influir en los cambios sociales de la región.

Filmes. Aquel conflicto derivó en una nueva invasión. En la era post-invasión surgió el Centro de Imágenes y Sonidos, que promovió unos cuantos emprendimientos, entre ellos: Tambo jazz (1992) de Gerardo Maloney, Teresa Batista (1992) de Jorge Cajar, Memoria enlatada o qué lata no tener memoria (1993) de Joaquín Horna y Jorge Cajar, India dormida (1994) de Luis Franco Bentley y Edgar Soberón Torchia, El mandado de Pituka Ortega Heilbron.

En el 2007 se aprobó una Ley del Cine, a cuyo amparo se rodaron unos cuantos títulos con relativo éxito dentro y fuera de Panamá: One Dollar (El precio de la vida) (2001) de Héctor Herrera, The Weeping Woman of the River (La llorona del río) (2001) de David Becerra, La noche (2002) de Joaquín Carrasquilla, El plomero (2002) de Jonathan Harker, Los puños de una nación (2005) de Pituka Ortega Heilbron, Los camisones de mi vieja (2005) de Dylan Arias y Carlos Alberto Voloj.

Está claro, a pesar de lo escueto del sobrevuelo, que como muchas otras producciones latinoamericanas la panameña ha sido intermitente, enfrentada a los déficits (recursos financieros, humanos y mercado de exhibición) que trabaron la regularidad necesaria para alcanzar perfil e identidad propios.

Por eso mismo el estreno de Chance (2008) sorprende de manera grata, a pesar de un arranque poco prometedor que parece presagiar una burda caricaturización del entorno. Pues no, poco a poco la narración se asienta y va tomando aire suficiente como para gambetear los riesgos iniciales, optando por seguir la veta de la comedia negra, género difícil si los hay, especialmente tratándose de una ópera prima, pues se trata del debut de Abner Benaim, productor, director, guionista y artista plástico formado en Israel y Estados Unidos.

Los Gonzales Dubois son una acomodada familia con todo cuanto, de acuerdo con los valores al uso, se requiere para arroparse en la felicidad. Se trata empero de pura ventura simulada, pues las apariencias han venido a ser la alfombra debajo de la cual se esconden las basurillas de una convivencia minada de problemas. Fernando, el papá, es un arribista que dilapidó la fortuna de su señora y ha resuelto lanzarse a la política en procura de alimentar su ego inflado a plan de fingir inexistentes desvelos por los temas sociales que nutren su demagogia frente a los medios.

Familia. No le va mejor a mamá Gloria, corriendo afanosa detrás de la nada, para disimular el vacío y la insatisfacción. Del gimnasio a los salones de belleza y a las reuniones con las amigas, los días se escurren entre el tedio y la sospecha de cosas turbias que acontecen detrás de la fachada de cartón piedra de aquel paraíso familiar.

Mariví y Marité, las hermanas gemelas, apuestan toda su ilusión al próximo fin de semana de shopping en Miami, espera que distraen en tórridos encontronazos con el jardinero y un amigo, mientras Daniel, el hijo menor, transita su infancia ajeno a los conflictos obrero-patronales y matrimoniales, circulando por la casa con una camarita de video que se convertirá en el instrumento de un lapidario e involuntario atestado del ser frente al parecer.

Empleadas. El retablo se completa con Paquita y la Toña, par de empleadas domésticas que personifican la otra cara de ese mundo de plástico. Impagas desde hace meses, hartas de reclamar sin respuesta lo que les corresponde, mientras miran de soslayo la telenovela Magia de amor, la que funciona como un ácido comentario a la situación en la mansión de los Gonzales Dubois, resuelven hacer justicia por mano propia convirtiendo el planeado vuelo a Estados Unidos en un aterrizaje forzoso en la más cruda realidad.

Inspirada en un hecho real sucedido en Brasil, la película se apoya en la convincente actuación de todo el elenco, con especial destaque en el trabajo de Rosa Lorenzo (la Toña) y Aida Morales (Paquita), en el filo de los diálogos y en una puesta en imagen ágil y nerviosa que rehúye los firuletes decorativos para concentrarse en lo esencial, sin descuidar lo formal, contando con un presupuesto inusual en las producciones de esta parte del mundo: alrededor de tres millones de dólares, sin que ello de en momento alguno sensación de despilfarro. Cada dólar ha sido gastado con criterio, atendiendo a las necesidades de la narración y de una factura sin las desprolijidades comunes a tanta hechura del cine que a título de crítica descuida las obligaciones propias de cualquier creador respecto a su herramienta expresiva.

Ficha técnica

Título original: Chance. Director: Abner Benaim. Guión: Abner Benaim, Papus Von Saegner. Fotografía: Mauricio Vidal. Montaje: Alberto De Toro. Diseño: María José Pizarro. Arte: Luz Helena Cárdenas. Música: Paté de Fua. Sonido: Enrique Ojeada. Producción: Matthias Ehrenberg, Abner Benaim, Bernardo Kenny, Paula Jaramillo y Sandra Paredes. Intérpretes: Francisco Gattorno, Isabella Santo Domingo, Aida Morales, Rosa Lorenzo, María Cristina Palacios, María Alejandra Palacios, Jua David Valdes, Lucy Molinar, Roly Sterling y Roberto Durán. COLOMBIA/PANAMÁ.

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