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lunes, 25 de enero de 2016

Quentin Tarantino: “Estados Unidos nunca estuvo tan dividido”

Es diciembre de 2015, estamos en la suite de un hotel el West End de Londres y hay tanta tensión que podría cortarse el aire con cuchillo. Quentin Tarantino llegó a la ciudad y con él, un pequeño escuadrón de agentes de Weinstein Company, un estudio independiente fundado por Bob y Harvey Weinstein, hermanos y magnates cinematográficos que nutrieron la carrera del cineasta de 52 años, desde la época dura y entusiasta de Perros de la calle .

Tres weinsteinianos están ansiosos de saber cómo le ha ido en las nominaciones de este año al último filme de Tarantino, The Hateful Eight, un escabroso western de cámara (en la Argentina, Los ocho más odiados ). Cuando se anuncia la lista, el filme recibe tres nominaciones: mejor actriz de reparto (Jennifer Jason Leigh), mejor banda sonora original (Ennio Morricone) y mejor guión cinematográfico. Los weinstenianos parecen aliviados. Cuando me encuentro con el director unos minutos más tarde en otra suite, está contento. “Pensaba que mi guión podía zafar”, dice. Yo trato de no sonreír. Si hay algo que los guiones de Tarantino no hacen es zafar. Tronar, hacer riffs, rebotar es más cercano a su estilo, tanto en la pantalla como en persona. Se sienta sobre el borde del sillón, con el cuerpo hacia adelante como un mascarón de proa, y las palabras se arremolinan en su boca de manera intermitente. Explica que The Hateful Eight ha dividido a los votantes de los Golden Globes, lo que no es tan sorprendente. Después de Bastardos sin gloria y deDjango Unchained , dos divertimentos que resultaron ser sus filmes más populares hasta hoy, Tarantino regresa con algo amargo, pesimista y duro de roer, y al mismo tiempo arrebatadamente bello (fue filmada en Ultra Panavision 70, un formato visual en extinción que permite realizar composiciones extraordinarias por la amplitud del encuadre).

Tiene deudas repartidas equitativamente entre The Iceman Cometh , un juego de salón de Agatha Christie, y The Thing , un claustrofóbico filme de extraterrestres de John Carpenter. Para los que recién llegan al club de fans, es una verdadera prueba de carácter pero para sus perversos seguidores, es el Nirvana.

En primer lugar, dura casi tres horas. En segundo lugar, como sugiere el título, uno no puede simpatizar con nadie. El filme es un festival de malicia: una tormenta de nieve obliga a que ocho ásperos buenos-para-nada se detengan en una posada de camino en la montaña, donde algo turbio se está tramando.

La Guerra Civil estadounidense ha terminado hace poco y la partida transpira malicia racial y nacional. Uno de los ocho, Marquis Warren, interpretado por Samuel L. Jackson, fue combatiente de la Unión y lleva una carta de Abraham Lincoln en el bolsillo interno de su sobretodo –otros dos, el procaz sheriff de Carolina del Sur interpretado por Walton Goggins, y el malhumorado general interpretado por Bruce Dern, son muchachotes de la Confederación todavía perturbados por la derrota. Las tensiones raciales no son nuevas en la obra de Tarantino –ni en su vida. El director creció en la región de South Bay, Los Angeles, en los años 60 y 70, luego de mudarse allí desde Tennessee con su madre Connie, cuando él tenía tres años y ella 20. Llegaron poco después de los disturbios de Watts en 1965 –seis días de violencia provocada por la segregación y la brutalidad de la policía contra la población negra. (Su padre Tony, estudiante de derecho con pretensiones de actor, los abandonó antes de que él naciera.) Tarantino describe los westerns de su infancia –entre los miles de filmes que miró cuando era chico y, más tarde, como empleado de un local de alquiler de Video Archives en Manhattan Beach– como “cínicos” y “amargos”: incluso “anti-estadounidenses, a su manera”.

Soldier Blue y Little Big Man transportaron los horrores de la Guerra de Vietnam a la frontera salvaje, mientras que McCabe y Mrs. Miller estaban tan preocupadas por la moderna maquinaria de gobierno de Estados Unidos como The Parallax View , o All the President’s Men.

Los westerns, dice, tienen un estatus especial: dicen “sobre la década en que fueron realizados en Estados Unidos” más que “cualquier otro género que no aborde los tiempos modernos”.

De este modo, Tarantino construyó The Hateful Eight de una manera que refleja los antagonismos raciales de los años recientes. Estaba decidido a “zambullirse” en el problema –con los “cazadores de recompensa representando a la ley”, la separación simbólica de la cabaña en una parte Norte y otra Sur, y un discurso que dice el educado asesino representado por Tim Roth, sobre los inconvenientes de la “justicia de frontera”.

“Después, cuando la estábamos realizando, con los acontecimientos del último año y medio, la película se volvió más relevante de lo que hubiéramos imaginado”, dice: no es menor el permanente estado de agitación que provocó la muerte de Michael Brown, de 18 años, asesinado por un policía blanco en Ferguson, Missouri, en agosto de 2014.

El incidente que más lo conmovió fue la masacre de la iglesia de Charleston, Carolina del Sur: tres hombres y cinco mujeres que se encontraban en oración y el pastor principal de la parroquia fueron asesinados por un muchacho de 21 años, “un pelotudo racista –dice Tarantino– que se envuelve a sí mismo con la bandera rebelde” de los estados confederados.

Por primera vez en su carrera, Tarantino dice que tuvo que sacar una línea de su guión porque los nuevos acontecimientos la hacían retroactivamente demasiado explícita. Estaba sobre el final de una tirada del sheriff que interpreta Walton Goggins, casi al principio del film, que ahora termina con la línea: “Cuando los negros tienen miedo, la gente blanca está segura.” (Más tarde se le responde con una línea del coronel que interpreta Jackson: “El único momento en que la gente negra está segura es cuando la gente blanca no tiene armas.”) Originalmente, haciendo referencia a un tiempo en que él mismo mataba negros durante la Guerra Civil, el personaje de Goggins concluía: “Pregunten a los blancos en Carolina del Sur si se sienten seguros”. Pero la línea tenía ahora un nuevo sentido no buscado. De modo que Tarantino la quitó.

Lo que vino después de la masacre de Charleston lo sorprendió. “De pronto, la gente comenzó a hablar sobre la Confederación de una manera en que no se ha hecho antes–dice–. Quiero decir, siempre creí que la bandera rebelde era una especie de esvástica estadounidense. Y bueno, de repente la gente habla sobre la bandera, se la prohíbe, y no está bien tenerla en la patentes, en las tazas de café, etcétera. Y la gente comienza a polemizar sobre cosas como las estatuas de Bedford Forrest (el general confederado y Gran Mago del Ku Klux Klan) en los parques. Bueno, ya era hora”.

Para Tarantino, Estados Unidos “no ha estado tan dividido como ahora desde la Guerra Civil”. Decidió participar de la manifestación de Rise Up contra la brutalidad policial en Nueva York el pasado octubre (diciendo que estaba “del lado de los asesinados” en un discurso improvisado). Pero admite que “si uno le pregunta a la gente negra de Estados Unidos qué es esto de que unos policías maten a hombres negros y morenos desarmados, no es un fenómeno nuevo”.

Lo que vuelve tan urgente al asunto, cree, es el hecho de que mucha de la violencia “está siendo filmada, y la gente la ha visto, y la hemos mirado en televisión de un modo en que no lo habíamos podido hacer antes. Y ha penetrado en la conciencia nacional y en los medios de comunicación nacionales. En cierto sentido, pienso que esto no será tan distinto a ver la Guerra de Vietnam por televisión”.

Sería fascinante ver qué habría ocurrido si Tarantino hubiese continuado con su proyecto original de escribir The Hateful Eight como una pieza teatral. Aún tiene la intención de dirigir una versión adaptada del guión para teatro, si es que “todavía puede sacarle jugo al material” después del tour de prensa. Y el filme, de hecho, fue representado por primera vez como teatro en vivo. Después de que el guión se filtrara en la web hace dos años, Tarantino estaba furioso y declaró que abandonaría el proyecto. Pero el crítico Elvis Mitchell lo persuadió de poner en escena una recitación del guión en el Ace Hotel de Los Angeles, algo que volvió a encender su entusiasmo.

Una cosa es cierta: aunque ambos son westerns, The Hateful Eight no es en ningún sentido Django Unchained 2: Armed and Fabulous , y Tarantino no se ilusiona al respecto. Dice que “no puede imaginar” que iguale el éxito económico de aquel film –aunque recuerda que el lugar común pre-Django, era que los westerns no podían andar bien fuera de Estados Unidos, y uno debía “olvidarse de un western en que el protagonista fuera un negro”.

¿Entonces por qué fue tan exitosa? Tarantino, como puede esperarse, tiene una teoría. Y tiene que ver con “la idea de que a Estados Unidos le resulta fácil hacer películas sobre los incidentes vergonzantes en la historia de otros países, pero le cuesta hacer películas sobre su propia vergüenza”.

Describe dos episodios históricos como los “pecados originales” de Estados Unidos: El Sendero de lágrimas, a comienzos del siglo XIX, cuando grupos de nativo-americanos fueron desplazados a la fuerza hacia el denominado Territorio Indio, y el tráfico de esclavos; una escenografía que “Estados Unidos ha evitado cuidadosamente, con algunas excepciones”.

Django , por supuesto, es una. El filme de Steve McQueen 12 años de esclavitud –Oscar a Mejor Película en 2014– es otra. Ese honor es enteramente merecido, y a su manera, revolucionario. ¿Pero puede ser que su filme ya haya abierto el camino?

Tarantino hace una pausa antes de decir: “Sí, creo que ‘abrir el camino’ es una manera de decirlo. Había mucha maleza en ese bosque, y fuimos los primeros en llevar machetes y sacarlas. Así que ya había un sendero”.
TARANTINO Y EL RACISMO
Spike Lee cuestionó el uso de Tarantino de epítetos raciales en sus películas, sobre todo el epíteto racial ofensivo "nigger" (negrata). En una entrevista a Variety sobre Jackie Brown, Lee dijo: "Yo no estoy en contra de la palabra, y la uso, pero no excesivamente. Y alguna gente habla así, pero Quentin está enamorado de la palabra. ¿Qué es lo que quiere? ¿Que le hagan negro honorario?". Tarantino respondió en el talk-show de Charlie Rose afirmando:
Como escritor, exijo el derecho a escribir cualquier cosa en el mundo que quiera escribir. Exijo el derecho a ser ellos, exijo el derecho a pensar en ellos y exijo el derecho a decir la verdad de como los veo, ¿de acuerdo?. Y decir que yo no puedo hacer eso porque soy blanco, pero los hermanos Hughes pueden hacerlo porque son negros, eso es racista. Ese es el corazón del racismo. Y yo no acepto eso ...
No se cuestionó si yo era negro, y me molesta que me lo pregunten porque soy blanco. Tengo derecho a decir la verdad. No tengo derecho a mentir.


FRASES DE TARANTINO
“Cuando alguien me pregunta a cuál escuela de cine he ido, yo respondo: -No fui a ninguna escuela de cine, solo fui al cine”.
“Claro que Kill Bill es una película violenta. Pero es que es una película de Tarantino. Uno no va a ver a Metallica y les pide que bajen el volumen de la música”.
“Siempre he pensado que mis soundtracks funcionan bastante bien, porque básicamente son equivalentes profesionales a una mezcla que haría para que escuches en tu casa”.
“Es un estándar básico en el cine japonés cortar el brazo de alguien y usar mangueras con agua roja como venas, regando sangre por todas partes”.
“La cámara se inventó para la acción y la violencia”
“No creo en el elitismo. No creo que la audiencia sea esta persona tonta inferior a mí. Yo soy la audiencia”.
“Ahora mismo en este tío es en el único en quien confío. Es demasiado asesino para estar con la poli” (Reservoir Dogs).
“¡Adoro los rumores! Los hechos pueden ser engañosos; los rumores, ciertos o falsos, son muy reveladores” (Inglorious Basterds).

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