domingo, 15 de julio de 2012

El cine boliviano se ha abierto a nuevos temas

“Los últimos 30 años han sido determinantes para la historia del cine del país, pues no sólo sus temáticas, reflexiones y preocupaciones se han multiplicado. Gracias a la llegada del cine digital, nunca antes había sido tan fecundo y accesible”, se lee en el libro Una cuestión de fe. Historia y crítica del cine boliviano de los últimos 30 años (1980-2010), de los autores y cinéfilos Santiago Espinoza y Andrés Laguna.

Los autores resaltan que durante estas tres décadas algunos directores realizaron sus películas “con inteligencia y libertad, sin dejar de dialogar y de nutrirse de la tradición local y global”. Además, señalan que el cine boliviano ha dejado de ser indigenista, político y de denuncia.

Desde 1980 hasta 2010, se lee en el libro, en algunos casos muy puntuales se logró renovar el discurso fílmico nacional, se buscaron caminos alternativos a los construidos a los indiscutibles popes del séptimo arte en Bolivia. Quizá “el punto más alto del cine boliviano de los últimos años llegó con la película Zona Sur, de Juan Carlos Valdivia”.

En síntesis, afirman que hoy el cine nacional “reflexiona sobre lo boliviano en diferentes proporciones, lo boliviano, además, nutre y vitaliza las propuestas cinematográficas nacionales”.

Para Paolo Agazzi, director de El Atraco y El día que murió el silencio, “el cine nacional hoy busca su propia identidad. “En la actualidad hay un poco de todo, hay buenas y malas producciones”. El cineasta dijo que una de las grandes presentaciones de esta nueva identidad se deberá reflejar en la futura Ley del Cine.

“Los nuevos realizadores expresan temáticas que reflejan una búsqueda y eso se puede ver en las producciones del cine boliviano contemporáneo”, agrega Sergio Zapata, quien actualmente lleva a delante el taller de crítica cinematográfica “El cine que nos mira” .

Además, explicó que es difícil hacer una lectura del cine actual sin tomar en cuenta los avances tecnológicos, que han permitido la democratización de las producciones, sin la necesidad de obtener apoyo del Gobierno.

Al respecto, la cineasta Viviana Saavedra, coordinadora del Bolivia LAB, considera que “el cine boliviano hoy tiene la tendencia de mostrar las realidades sociales del país. Por ejemplo, las dictaduras son todavía mostradas por las nuevas generaciones de realizadores. Los jóvenes rescatan con el cine los temas pendientes”.

Punto de vista
carlos mesa gisbert Periodista e historiador Hay dos realidades importantes en nuestro cine actual. Primero, hay una multiplicación extraordinaria de producciones que nos ha llevado a un promedio de casi 20 películas por año, la mayor parte largometrajes. Los costos de producción se han reducido drásticamente gracias al HD y (permiten) la posibilidad de hacer exhibiciones comerciales sin ampliar los videos a formato 35mm. Este hecho ha democratizado muchísimo el acceso a la realización de cine de parte de una nueva generación que, a diferencia del pasado, puede incursionar en una expresión de arte que era restrictiva.

En segundo lugar, la calidad de exhibición es notablemente menor a la de 35mm y eso lo nota el espectador. Pero lo más complejo, ejercicios experimentales que debieran pasar por un camino previo a la exhibición pública, se convierten en películas comerciales; esto ha llevado a que un porcentaje importante de las películas bolivianas que se exhiben no cubra requerimientos mínimos de calidad técnica, artística, de guión y de interpretación.

El resultado es que una buena parte de esos filmes tiene recaudaciones tan bajas que no cubren en casos ni el 20% del costo de la película; pero algo más grave, están llevando al público al escepticismo y a darle la espalda a nuestro cine, lo cual es realmente peligroso para el futuro de una industria incipiente como la que tiene el país.

Si tuviera que escoger las 10 películas fundamentales del cine boliviano por secuencia cronológica, y buscando un adecuado equilibrio temático y generacional, serían:

Wara Wara (1930), de José María Velasco Maidana; Vuelve Sebastiana (1953), de Jorge Ruiz; Ukamau (1966), de Jorge Sanjinés; Chuquiago (1977), de Antonio Eguino; Mi Socio (1982), de Paolo Agazzi; La Nación Clandestina (1989), de Jorge Sanjinés; Cuestión de fe (1995), de Marcos Loayza; Dependencia Sexual (2003), de Rodrigo Bellott; Zona Sur (2009), de Juan Carlos Valdivia, y por último El Ascensor (2009) de Tomás Bascopé.

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