domingo, 3 de julio de 2016

Un taller de cine cambió la vida de 18 jóvenes sordos

La vida de 18 jóvenes sordos cambió desde que el actor Juan Carlos Aduviri dictó un taller de cine el año pasado. Ese fue el estímulo para que realicen y presenten tres cortometrajes, bajo el rótulo de “Tres historias para que nos escuches”, que reflejan sus experiencias personales. Actualmente los jóvenes están en la elaboración de otros dos trabajos audiovisuales que esperan terminar en agosto próximo. La mayoría de los sordos nunca escuchó la voz de su madre o algún sonido de la naturaleza y su mayor tropiezo es la comunicación. Estos cortos tienen el objetivo de “sensibilizar a la sociedad y hacer conocer que este grupo con discapacidad auditiva puede más que solo (participar en) talleres de panadería o costura, ellos se sienten cómodos actuando, les gusta”, cuenta Delia (D) Ticona, quien junto a su esposo, el videasta Jesús Quispe, son piedra fundamental del proyecto FAPEDA (Familiares Amigos, Personas con Discapacidad Auditiva).

LG: ¿CÓMO NACE ESTE TRABAJO?

D: Por una necesidad. Mi esposo es realizador audiovisual y yo educadora especial. Antes ya hacíamos material para sordos porque tenemos una hija de ocho años sorda y hemos visto que ella tenía dotes artísticas como cualquier niño, porque cuando quieres comunicarte con un sordo, él se hace entender mediante gestos y mímica. Así es cómo nace todo esto, porque hemos visto que ellos pueden actuar y pensamos en que podían hacer cine. El año pasado hemos sacado tres cortos con los jóvenes sordos, producto del primer taller de cine y actuación que se realizó en El Alto, el cual fue dictado por Juan Carlos Aduviri. Los trabajos se presentaron en la Cinemateca Boliviana.

LG: ¿QUÉ TEMÁTICAS TOCAN LOS CORTOMETRAJES?

D: Duran media hora y son producto de lo que escribieron los jóvenes del taller. El primero es “Sordo”, trata de un joven que estaba mareado y se equivoca de casa, que al intentar abrir la puerta con sus llaves lo confunden con un ladrón. El dueño de casa llama a los vecinos y lo linchan, el joven no pudo comunicarse porque era sordo, lo hacía con señas pero no le entendían. Es una historia verdadera que salió incluso en los medios. A los chicos les ha impactado porque el joven era amigo de ellos, justo ese día habían estado con él y al día siguiente se enteraron de que lo habían matado.

El segundo corto es “Dalia”, trata de una niña que es sorda y sus papás al enterarse no saben qué hacer. Muere su mamá, la única que se comunicaba con ella, y Dalia se queda con su papá, quien no sabe señas y es alcohólico. Dalia se enferma y ahí recién reacciona el papá, empieza a buscar los medios para aprender el lenguaje de señas.

El tercero se llama “Avenida esperanza”, es la travesía que pasan los jóvenes sordos cuando se suben a un auto y no pueden comunicarse para ir a un lugar. Este corto lo hicimos cómico (…) con el mensaje de que es importante para la comunicación el lenguaje de señas.

LG: ¿QUÉ SE VIENE AHORA?

D: Los jóvenes no quieren quedarse ahí, quieren seguir trabajando. Ya hicimos obras teatrales para colegios. Ahora estamos grabando dos documentales. Uno es sobre “La vida universitaria” de cinco jóvenes que ingresaron a la Universidad Pública de El Alto a la carrera de ciencias de la educación, están en su primer año y las clases son difíciles. Ellos quieren dar a conocer cómo es la vida universitaria de un sordo, los tropiezos que tienen al enfrentar el obstáculo de la comunicación y romper la barrera de la discriminación.

El segundo es sobre la vida de un joven sordo que está incursionando en la lucha libre, tiene su hermana que es luchadora y esperamos terminar de grabar hasta agosto

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