domingo, 30 de junio de 2013

Room 237

Room 237 es un documental que recoge interpretaciones de los fans de The Shining de Stanley Kubrick. Dirigido por Rodney Ascher, elude la cosecha de teorías oficiales procedentes de académicos y se centra en la interpretación del espectador común, quien no dispone de los medios teóricos como el académico pero sí de la creatividad y la espontaneidad de su visión no contaminada.

Si hacia mediados del siglo XX la interpretación de las obras de arte estaba más reservada a los académicos, con la posmodernidad emergió la democracia de la interpretación: todo el mundo ha alcanzado el derecho de verter su propia visión de la obra. Y así es como algunas obras cinematográficas de gran popularidad, como Blade Runner, son diseccionadas como mecanismos de relojería, para hallar sutiles referencias de la historia, la filosofía y el arte.

Un filme sólo es arte cuando es visionado, no en un estante: el receptor es esencial para completar el sentido, el espectador es necesario para establecer el estatuto artístico de una obra. Por ello, alabo las pretensiones del documental Room 237: el director afirma que estamos ante un documental subjetivo, pues depende de la libre interpretación de cada receptor que es un sujeto concreto, invadido por distintas experiencias históricas.

Room 237 se erige como una obra imprescindible para el cinéfilo contemporáneo y, obviamente, para el fan de The Shining. Quizá haya teorías desmesuradas, excesivamente abstractas y con poca fijación en el texto, pero eludiendo la abstracción, el documental ofrece detalles concretos de planificación de Kubrick que permiten desvelar secretos insospechados de la obra.

Alegoría del holocausto

Algunos afirman que se trata de una alegoría del Holocausto y esta interpretación vendría respaldada por la presencia de numerosos huéspedes que toman sus maletas y salen del edificio, como si fuesen las célebres maletas confiscadas a los judíos en los campos de concentración. Además, la película está surcada por el número 42, que se supone fue el año en que se impulsó la llamada “Solución Final”. Así, estos huéspedes serían expulsados del hotel por Jack Nicholson, que simbolizaría una especie de reencarnación de Hitler en el filme, y cuya mirada impositiva sobre el otro se simboliza en ese rostro que vigila la reproducción del laberinto en el interior del hotel.

El alunizaje

La película también puede llevar consigo una alegoría de la llegada del ser humano a la Luna. Esta interpretación viene respaldada por el jersey del niño, tejido con un dibujo del cohete Apolo, y que se sumerge en la habitación 237, un número que constituye, precisamente, la distancia en miles de millas entre la Tierra y la Luna. Al entrar en la habitación, se produce el alunizaje, la confrontación con lo diferente y lejano, el cosmos.

estructura imposible

Según un intérprete, la arquitectura del hotel es imposible, pues aparecen ventanas donde sólo podría haber muros y hay pasillos que se solapan con habitaciones. Estamos en un espacio mental que permite la transposición de las fronteras habituales en la vida diurna, y el hotel no estaría ubicado en el realismo, sino en el sueño: es un hotel onírico, mental.

Las simetrías

Los fans afirman que la simetría está en la propia configuración de la estructura, y por ello, un intérprete superpone dos proyecciones del filme: una en la dirección habitual y otra desde el fin hasta el comienzo. En la unión de las dos formas, se generan numerosas asociaciones de imágenes y sonidos que podrían generar nuevas relaciones entre los personajes, y que sostienen la célebre palabra invertida de REDRUM/MURDER. (Extracine)

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