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domingo, 28 de julio de 2013

Porno, el único género que “mueve” a las autoridades

Traseri Impulsive, La Subida y la Caída de la Emperatriz romana, Casa de los Sueños, Tres Hijas, entre muchos otros titulos pornográficos, forman parte de la oferta discreta que hacen los vendedores de películas piratas en el mercado.

Los denominados piratas saben que, junto a las cintas de producción nacional y las de estreno, las pornográficas son las que corren el riesgo de ser decomisadas en los diferentes operativos que realiza, por lo general, la Intendencia Municipal.

Es así que los vendedores tienen algo de cuidado en la comercialización, porque saben que el resto de las películas de humor, romance, terror y ficción, entre otras, pueden comercializarlas abiertamente, pese a que las leyes del Cine y de Derechos de Autor bolivianas los prohibe.

Producto de esa lucha parcial contra la piratería, sólo en 2011 y en Cochabamba, la Intendencia decomisó más de 8 mil copias piratas, un 90 por ciento de ellas con contenido pornográfico y el resto de diferentes géneros cinematográficos.

En 2012, la cantidad de copias piratas decomisas superó las 17 mil. En tanto, este año la cifra secuestrada apenas bordea las 2.500 copias, según la Intendencia de Cercado.

El intendente de Cochabamba, Ricardo Barriga, reconoce que con apenas 30 hombres no puede combatir a la piratería. Sin embargo, asegura que para la institución es importante impedir la venta de películas pornográficas y las de producción nacional, porque sabe que daña a la sociedad y a los cineastas bolivianos.

En mayo, este medio reveló que 7 de cada 10 adolescentes detenidos por violación sexual, confesaron que consumían pornografía y que sólo pensaban en repetir las imágenes que habían visto.

Y es que en las copias con contenido pornográfico no sólo actúan jóvenes o adultos, sino que aparecen niños e incluso animales.

Las cintas de pornografía infantil suelen tener un precio mayor a las de género de humor o ficción. Por lo general, cuestan entre 8 a 10 bolivianos, claro, dependiendo el lugar de venta.

La Policía asegura que por esas razones le declaró la “guerra” a la pornografía. En esa su tarea, en junio pasado, en un operativo aprehendió a cinco personas y secuestró unos mil DVD con contenido pornográfico.

Los acusados fueron imputados, por primera vez, por el delito de Violencia Sexual Comercial, mismo que está tipificado en el Código Penal y fija una sanción de 5 a 8 años de privación de libertad.

Los aprehendidos fueron llevados ante un juez, quien determinó enviar a sólo uno al penal de San Antonio. En tanto, determinó medidas cautelares para tres, y el otro se declaró culpable y se sometió a un juicio abreviado.

Ese es el primer y único caso en Cochabamba en el que un pirata está recluido.

De ese hecho ha pasado un poco más de un mes, y la venta de este género sigue en las calles cochabambinas, pero de manera discreta.

Asimismo, las autoridades no han realizado otros operativos que permitan sancionar a quienes hacen negocio con la piratería de películas.

El justificativo, cada vez más común, es que la gente no alcanza o no existen denuncias específicas para actuar.

Por la venta de los demás géneros cinematográficos, las autoridades sólo callan.

Cine Propuestas para comercialización

Ministerio de Culturas

* La distribución, comercialización y exhibición de cinematografía y del audiovisual en salas de cine, canales de televisión públicos o privados, así como en soporte audiovisual para el consumo masivo estará regulada por el Estado a través del Consejo Plurinacional del Cine (Coplucine).

* El Estado fomenta la autorregulación del mercado y delega al Coplucine la responsabilidad de fiscalizar el desarrollo de la industria cinematográfica y de audiovisual en el País.

* En concordancia con el Artículo 107 parágrafo tercer de la Constitución Política del Estado, se establece que en el ámbito de la exhibición no podrá existir monopolios u oligopolios.

* Toda película boliviana estrenada y reestreno en salas de cine deberá recibir el 50 por ciento de los ingresos generados por la venta de entradas durante el primer mes que se sostenga en programación.

* Toda película de cine para ser exhibida o comercializada en el territorio boliviano, deberá estar legalmente registrada en el Sistema de Información y Registro Cinematográfico y Audiovisual. Aquel que no cumpla con esta condición, se reputará de internación o producción clandestina.

* Está prohibido: Todo producto cinematográfico y audiovisual para su emisión en canales de televisión abierta, canales bolivianos por cable o empresas bolivianas de televisión digital, que no cuente con la autorización de los titulares de derecho de autor o titulares del derecho de exhibición y su registro correspondiente en el Coplucine.

* Créase la Distribuidora Boliviana de Cine y las Artes Audiovisuales, como unidad dependiente de la Cineteca Boliviana, bajo la tuición del Coplucine, cuyos objetivos son: Promover e impulsar la distribución de películas y materiales audiovisuales para dar a conocer las culturas del país a través de las producciones cinematográficas y audiovisuales...

 CEFREC-CAIB

* El Coplucine y los diversos actores dedicados a la distribución, comercialización y exhibición acordarán los mecanismos de fomento y desarrollo para estas actividades con el fin de favorecer el amplio acceso de todos y todas las bolivianas al cine y audiovisual bolivianos y del mundo, actividad que no sólo debe ser manejada por la autorregulación del mercado sino también asumida como política educativa, cultural y social por el Estado. (Y en tanto debe darse un reordenamiento del mismo).

* El cine y el audiovisual Iberoamericano quedará exento del arancel de exhibición como parte de una política de integración y reciprocidad.

* Toda película boliviana estrenada y de reestreno en salas de cine deberá recibir el 70 por ciento de los ingresos generados por la venta de entradas durante la primera semana de exhibición; en la segunda un 50 por ciento y a partir de la tercera semana al menos un 30 por ciento de los mismos.

* Los canales de televisión privados, públicos, estatales y comunitarios tienen como prioridad la promoción, fomento, incentivo y difusión de las obras cinematográficas y del audiovisual boliviano, así como las películas de coproducción internacional.

* Se considera prioritaria la creación o respaldo de circuitos y redes de difusión distribución alternativas, comunitarias y populares o de carácter educativo para concretar una mayor democratización del cine y audiovisual en beneficio de sectores con menores posibilidades de acceso. En el plano internacional el fomento de circuitos de exhibición de cine latinoamericano e iberoamericano.

* Las obras cinematográficas bolivianas gozan del derecho de distribución, programación, estreno, reestreno y exhibición comercial en salas de exhibición públicas o privadas y de manera prioritaria en la Cineteca Boliviana y/o Cinetecas departamentales.

 Asocine

* Los distribuidores y exhibidores de filmes podrán comercializar y exhibir sus filmes en todo el territorio nacional, cumpliendo la Ley de Derechos de Autor y siempre que posean las licencias correspondientes, sean éstas nacionales o internacionales.

* Todo filme, para ser exhibido o comercializado en el territorio nacional, deberá estar registrado en el Consejo Nacional de Cine (Coplucine).

* Todo persona natural o jurídica, boliviana o extranjera que reproduzca, comercialice, distribuya y/o exhiba en territorio boliviano, todo filme o

material audiovisual en cualquier soporte y formato, sin respetar la Ley de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, y las disposiciones o normativas

del Coplucine, será sancionado de acuerdo a ley.

* Toda producción audiovisual cinematográfica o audiovisual que utilice de manera total o parcial de cualquier obra, sea ésta texto, fotografía, música o

material audiovisual, que no cuente con los respectivos derechos, ni cite a los autores de manera pública adecuada, será considerada plagio, y sujeta a las

sanciones establecida en la Ley 1322.

* Los Distribuidores y Exhibidores tendrán las siguientes obligaciones especiales:

1.- Respecto a los filmes nacionales, deberán: Mencionar el nombre del director, productor y los actores principales de los filmes nacionales en forma destacada en todos los medios y formas de la publicidad empleadas para la promoción de una película.

Toda empresa de exhibición deberá destinar un espacio para la venta y exposición de películas bolivianas y material promocional del cine boliviano.

2.- Proporcionar al Coplucine información permanente y actualizada sobre indicadores de Distribución y de Exhibición en el país.

* Distribuidores y exhibidores deberán incluir en su programación un mínimo de 20 por ciento de películas independientes o de autor dentro de sus títulos internacionales, y promocionarlas adecuadamente y exhibir las en horarios preferenciales.

EN LA ACTUAL NORMATIVA, LA PIRATERíA ESTá PROHIBIDA. SIN EMBARGO, EL ESTADO NO HA TENIDO CUERPO PARA HACER RESPETAR LA LEY.

Han pasado más de 20 años de la aprobación de la Ley 1302 del Cine y similar tiempo de la Ley de Derechos de Autor 1322 , y la piratería de películas ha crecido como en todo el país, sin que ninguna autoridad haga cumplir las leyes.

La proliferación del millonario negocio se ve en distintas zonas y calles de la ciudad, como si la actividad fuera legal, cuando es todo lo contrario.

Frenar esa realidad es tan complejo, que ni los cineastas, distribuidores o productores audivisuales, entre otros actores del séptimo arte boliviano, creen que una nueva normativa sea la solución.

A dos décadas de la aprobación de las dos principales normas que deberían proteger la actividad del cine, el Ministerio de Culturas, distintas asociaciones, grupos de cineastas, actores y distribuidores elaboran un anteproyecto de ley, basados en tres propuestas que salieron de las mismas filas de los artistas cinematográficos.

Una de ella es la propuesta del Ministerio de Culturas, la otra del Centro de Formación y Realización Cinematográfica (Cefrec) y de la Coordinadora Audiovisual Indígena Originaria de Bolivia (CAIB), y la tercera de la Asociación de Cineastas de Bolivia (Asocine).

En las tres propuestas se coincide en que la nueva norma no debe reconocer la piratería, pero también se admite que el problema va más allá de la ley, ya que está de por medio un problema social: la necesidad de empleo de miles de familias que viven de la venta no sólo de copias cinematográficas, sino de CD de música, programas de computación y juegos, todos piratas.

Para asesor del Ministerio de Culturas Nelson Martínez, “el tema de hacer frente a este problema no es sencillo, porque está ligado al problema social, pero también a las mafias, redes que tienen mucho dinero a raíz de este tipo de comercio”.

Agrega que ambos son niveles distintos, pero que deben ser considerados.

Sin embargo, indica, lo primero que hay que defender es la producción nacional y llegar a un primer gran acuerdo con los comerciantes que venden material ilegal, “ellos no pueden hacernos la guerra a nosotros. Otra es la situación de mercados internacionales”, manifiesta Martínez.

El director de Centro de Formación y Realización Cinematográfica (Cefrec), Iván Sanjinés, coincide en que la solución a la creciente piratería es compleja, y asegura que “no se trata de hacer leyes que prohíban, sino de preguntarnos qué debemos hacer”.

Para Sanjinés, el Estado tiene que implementar acciones concretas, crear una plataforma que ligue la producción nacional con la distribución y la llegada de ese material a la gente. Asimismo, indica que debe trabajarse en la concientización y educación de los públicos para, de a poco, ir cambiando la mentalidad que hoy existe.

“Hay que sentar soberanía de ese espacio popular y crear alternativa. La piratería la consumen todos, no hay diferencia social”, añade.

Manifiesta que de repente la solución sea encontrar una propuesta en la que el Estado deba tener una acción no precisamente coercitiva, sino poner una plataforma de reproducción o alianza con sectores, para que, si hay disposición de pagar impuestos, bien puedan hacerlo. Sin embargo, “lo que no podemos hacer es legalizar la piratería, porque el perjuicio es grande. Empero, algunos cineastas han utilizado la piratería para poder difundir su trabajo, y en algún caso se ha llegado a acuerdos”.

EL COMBATE

La directora de la Cinemateca Boliviana, Mela Márquez, reconoce también que es difícil hacer una norma contra la piratería cuando ésta socialmente es aceptada, pues “comprar pirata no es mal visto”.

“Yo confieso que las leyes son solo buenas intenciones, si no hay una política del Estado”, dice la directora de la película Sayariy, quien insiste en que la lucha contra la piratería debe ir acompañada de soluciones estructurales contra el desempleo y el contrabando.

Asimismo, Márquez plantea que en la nueva normativa deben existir mecanismos de apoyo a la difusión, y dentro de la cadena del fondo de fomento debe existir recursos destinados a estrategias para combatir la piratería.

“Ahora esos recursos se puede hacer de anticipo, lo que se llama la copia privada. Es un tema que se ha discutido en el exterior. Eso significa que cualquier elemento que sirve para reproducir debe pagar un impuesto, de modo que ese tributo vaya al fondo y compense la piratería, para eso se tendría que haber estrategias muy precisas”, añade.

Sin embargo, advierte que aquello es difícil por el excesivo contrabando que hay en todos los materiales de reproducción.

Desde su punto de vista, en Bolivia hay una doble moral con la pobreza y la cultura. “Se gasta en grandes fiestas, pero comprar un libro dicen que les resulta caro”, finaliza.

Sobre el tema, el ministro de Culturas, Pablo Groux, afirma que en la medida en que la oferta, la calidad y los precios de un cine legal sean accesibles a la ciudadanía, ésta va poder acceder a material legal.

“En el caso del cine hay que hacer también un trabajo de formación ciudadana y, por supuesto, ofrecerle a la ciudadanía posibilidades de que acceda a material legal. Es el cine el que tiene que reinventar sus propias estrategias para poder acceder de manera formal a la ciudadanía”, indica.

Pirateando el marketing antes del apagón

El distribuidor y productor de cine Gerardo Guerra no duda al calificar a la piratería como “un robo”, condenable por ello primero desde un punto de vista ético.

La piratería, sostiene, hace que se pierdan fuentes de trabajo legal, oportunidades de desarrollo del mercado, y se constituye en una competencia desleal para, entre otros sectores, los distribuidores.

El presidente de la Cámara Nacional de Empresarios Cinematográficos y distribuidor, Esteban Morgado, precisa que su entidad reúne a siete distribuidoras legalmente establecidas. De ellas, según Morgado, Manfer Films y la United International Pictures (UIP) concentran el 60 por ciento del mercado, “aunque hay mucho material que se estrena y que es de distribuidores independientes”. El administrador del cine Norte, Luciano García, se anima sin embargo a afirmar que las dos empresas antes señaladas concentran casi la totalidad de los estrenos en salas que, por su parte, Guerra calcula que son entre 12 y 15 por mes.

Los distribuidores, dice Guerra, tienen entre sus tareas más importantes la realización del marketing de los filmes que alquilan a los cines. Y el cumplimiento de tal labor es aprovechada ilícitamente por los piratas. “Cualquier película que publicita un distribuidor es buscada inmediatamente por la piratería. El pirata se cuelga a mi publicidad, vende gracias a mi publicidad, a mi inversión, a mi esfuerzo, a mi riesgo. Su riesgo es mínimo porque a él no le ha costado más que el tiempo y el costo de hacer la copia ilegal”, se queja Guerra, quien es distribuidor de cine independiente y de autor.

El género al que se aboca el productor es todavía más difícil, pues para éste, precisó, algunas salas solo le ofrecen el 35 por ciento de la taquilla durante la primera semana del estreno (lamentablemente en Cochabamba es una rareza que se llegue a dos semanas), cuando el pago para las cintas comerciales asciende al 60 por ciento . Fuera de ello, está el hecho de que es muy difícil encontrar espacio en la programación de los cines, casi siempre copada por la producción hollywoodense y con poca apertura para el cine independiente. Para peor, Morgado, también distribuidor, hace notar que todas las empresas del ramo deben pagar una serie de tributos al Estado, entre ellos, desde luego, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) por su actividad, la desaduanización de los filmes y un tasa por película extranjera al Consejo Nacional del Cine (Conacine).

A contracorriente de lo anterior, el asimismo distribuidor de cine independiente Marcelo Cordero afirma que, si bien la piratería le ha quitado público a las salas de cine y ha influido en el cierre de varias de ellas, afectando así paralelamente el negocio de las distribuidoras, toda la culpa de la crisis del cine no es de los vendedores. “Yo empecé a pelear con los comerciantes porque pirateaban mis películas de cine independiente. Hice después una evaluación de cuánto realmente afectaba que mi película esté pirateada muchos meses antes o la temporada del estreno. Y el daño era del 1 o 2 por ciento de la taquilla. Claro, son montos pequeños los que genera el cine independiente. Ese daño, en realidad, no existe”, asevera.

Según Cordero, durante la década del noventa se cerraron muchas salas porque desapareció la oferta cinematográfica. No obstante, a partir del 2000 el público se mantuvo y comenzó a crecer desde el 2003. “Y los últimos años, de apertura de las multisalas, ha ido en escala ascendente a pesar de la piratería”, agrega.

EL APAGÓN 

ANALÓGICO

La pronta desaparición del sistema de proyección de películas en celuloide de 35 milímetros -que podría producirse a muy corto plazo- amenaza a la industria del cine en Bolivia e incluso a la piratería.

Para Guerra, este proceso se cumplirá ya en los siguientes meses, conllevando un serio riesgo de implementación de un “sistema colonizador”, culturalmente hablando.

El distribuidor indica que muchas películas de cine independiente ahora vienen solo en formato digital. Por ejemplo, hace poco tuvo que traer al país en tal formato el filme español ganador del Goya Blancanieves, del que no existen copias en celuloide. Pero sucede que las salas pequeñas del país no cuentan con equipos de proyección digitales. Su adquisición es impensable pues, precisa el gerente del cine Capitol, Yuri Zambrana, significa una inversión de casi 180 mil dólares, misma que, en el caso de los cines con pocas salas, “no se podría cubrir ni con un crédito bancario”.

Aprovechándose de tal situación, explica Guerra, los grandes estudios estadounidenses ofrecen el sistema VPF (Virtual Print Fee), mediante el cual prometen a las salas la implementación de los equipos digitales, pero bajo el sutil chantaje -que no es otra cosa- de que sean utilizados solo para la proyección de sus filmes. Y, si su tecnología es usada para proyectar otras películas, serán los distribuidores o cineastas nacionales y no las salas los que tendrán que pagar un alquiler de entre 500 a 600 dólares por semana. De este modo, la ya precaria exhibición de cine nacional e independiente podría en la práctica desaparecer, para dar paso a una absoluta monotonía del cine comercial hollywoodense, transmisor de valores culturales específicos.

El tema ha comenzado a despertar un amplio debate internacional. El pago del VPF, modelo exportado desde Hollywood al mundo, afectará a cualquier película independiente, nacional o extranjera, dijo hace poco la directora del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), Marina Stavenhagen, citada por el sitio cinex.com.

El VPF se cobra en Estados Unidos desde el 2006 y tiene como finalidad que los dueños de los cines privados puedan recuperar la inversión que hicieron para cambiar proyectores de celuloide a digital. El modelo se exportó a todos los países donde tiene influencia Hollywood, incluyendo América Latina.

Morgado manifiesta que en Bolivia la digitalización se completará a más tardar hasta el año que viene y que las empresas afrontan tal proceso de modo individual.

AMENAZA HASTA 

PARA LA PIRATERÍA

Para Cordero, “lo peor que le puede pasar a la piratería” es el apagón analógico, porque los contenidos del cine dejarán “de ser físicos para ser virtuales”.

El distribuidor señala que la distribución pirata de DVD y Blu-Ray pervirirá por unos años más. El negocio es rentable y una gran mayoría de la población boliviana no cuenta con conexión a internet, sin añadir con que, los que sí tienen sufren la mala calidad del servicio y, por otro lado, muchos no utilizan a fondo el medio.

Está también la evidencia de que, por más que haya apagón digital, se mantendrán las colecciones de discos acumuladas por los compradores.

No obstante a lo anterior, Cordero cree que la televisión satelital y por cable “pasarán a la historia, considerando que el sistema Full HD podra ser visto a través de Internet”.

“En Bolivia -señala Cordero- el apagón digital será en 2018, pero, como éste ya se ha dado en muchas partes del mundo, a los piratas se les va a hacer muy difícil poder acceder a materiales físicos para copiar. Por ejemplo ahora, de una copia de Hollywood para los jurados de los Oscar, se podría piratear y distribuir la película en América Latina, antes del estreno inclusive. En adelante eso va a ser muy difícil porque esa gente de Hollywood va consumir su cine y lo va evaluar a través de señales virtuales, y tampoco habrá material de almacenamiento para ese tipo de cosas”.

Las salas de cine pierden un 40 por ciento de público debido a la piratería

La piratería resta a las salas legales de cine del país hasta un 40 por ciento de público, según indica la Cámara Nacional de Empresarios Cinematográficos, entidad que aglutina a propietarios de cines y distribuidores de películas.

A ese cálculo, precisan, se llegó comparando la cantidad de público que asiste a ver estrenos simultáneos con la del que va a una película que llega semanas después de su primera proyección internacional, es decir luego de que las calles se inundan de copias ilegales.

Aunque el número podría duplicarse sin la piratería, en Bolivia se venden cerca de 3 millones de entradas al cine por año, para alrededor de 70 salas repartidas por todo el país, pero concentradas en el eje troncal.

Con todo, el administrador del cine Norte de Cochabamba (que funciona hace 11 años), Luciano García, matiza el efecto de la piratería: “Mucha gente ha vuelto al cine, asume la diferencia de ver una película en pantalla grande y sonido de calidad, con comodidad, disfrutando además de otros servicios”. La directora de la Cinemateca Boliviana, Mela Márquez, analiza tal criterio: “Antes, ir al cine era un hecho social, había un programa establecido, era el momento de la gente. Ahora, el tiempo libre es empleado para ir a chequear, comer, comprar y, además, ir al cine”.

Al reciente boom de ir al cine coadyuvan las campañas publicitarias que efectúan las salas. “Al tiempo de pagar a los distribuidores, nosotros tenemos que costear la logística de la publicidad, que consiste en poner avisos en los medios de comunicación” sostiene el gerente del cine Capitol (reabierto hace un año, luego de cerrarse por una década), Yuri Zambrana, quien calcula ese gasto en cerca de 1.500 dólares por película.

Pero la publicidad es un paso posterior al arreglo entre salas y distribuidores. Zambrana señala que, por lo general, las salas se quedan con solo un 40 por ciento de la taquilla. El otro 60 por ciento se debe pagar a los distribuidores. Los porcentajes sin embargo van disminuyendo en favor de las salas, a medida que pasan las semanas de exhibición.

Y, para cerrar las gestiones para proyectar un filme, el administrador del Norte agrega que se debe tramitar, para cada película, un permiso de Espectáculos Públicos de la Alcaldía local.

FILTRACIONES

Quienes compran películas de estreno en el mercado ilegal saben que siempre corren el riesgo de acceder a una mala copia, una “grabada del cine”. Son muchos los casos de filmes que se venden en DVD tras haber sido registrados con cámaras caseras, de modo clandestino, en las salas. Asimismo, en 2010 los productores del largometraje nacional El Pocholo y su Marida denunciaron que una copia de la obra en formato DVD se filtró de una sala boliviana al mercado pirata.

El presidente de la Cámara Nacional y programador del cine Center, Esteban Morgado, considera que en Bolivia existe una probabilidad muy escasa de que las filtraciones se produzcan en las salas del país, pues “la piratería llega desde fuera”.

Asegura que los distribuidores en Bolivia y desde el exterior toman medidas de seguridad en las salas y capacitan a los administradores.

Lo anterior es corroborado por García, cuyo cine, al igual que el Center, cuenta con cámaras de seguridad: “Mediante videoconferencias, algunas distribuidoras nos han mostrado cómo proceden los piratas y los puntos clave de las salas. Estamos aplicando medidas”. Igualmente, Zambrana dice que les enseñaron incluso cómo detectar “cámaras escondidas en recipientes de pipocas”, por lo que en Bolivia los que intentan grabar películas en salas la tienen muy difícil.

Pese a todas las precauciones, una excepción fue sin embargo la ocurrida en el cine Astor, relató su gerente, Alicia Zambrana. En tal sala, en 2012 se grabó ilegalmente una copia del filme estadounidense Avengers. El caso repercutió en el exterior. Gracias a un código incluido en el celuloide de la película que se proyectó, los distribuidores internacionales detectaron el origen de la filtración. “Nosotros no nos prestamos a eso, por eso tenemos que estar controlando todo el tiempo lo que sucede en las salas”, expresó Zambrana, administradora del cine más antiguo de la ciudad, con 62 años de funcionamiento.

EL CINE NACIONAL

La relación entre las salas, abocadas por lo general a películas comerciales casi siempre hollywoodenses y el cine nacional varió sustancialmente en las últimas décadas.

“Con el ingreso de nuevos cines a Bolivia, el panorama ha cambiado. En los años 80 y 90, las salas se peleaban por el cine boliviano y pagaban porcentajes preferenciales. La Cinemateca y otras salas pagaban hasta 70 por ciento durante la primera semana en favor de la película”, recuerda el productor y distribuidor de cine, Gerardo Guerra.

Junto a la piratería, señala que otros factores, como el cambio generacional de directores, la transformación tecnológica y el decaimiento de la calidad de los filmes, han determinado la “depreciación del cine boliviano”.

“Antes, las películas bolivianas eran noticia, eran atractivas. Ahora hay mucha oferta de filmes. Cuando antes teníamos cuatro o cinco salas en todo el país, en una o dos había cine boliviano, entonces las posibilidades de éxito eran mayores”, acota.

Puntualiza que, a inicios de los 80, una película boliviana solía pasar los mil espectadores en su primera semana, pero ahora, con marcadas excepciones, los filmes del país convocan a apenas 12 mil personas a lo largo de varias semanas de proyección, pese a que antes obras de cineastas como Marcos Loayza llegaron a tener hasta 200 mil boletos vendidos.

Lo anterior determinó que algunas salas apliquen una suerte de “doble castigo”, pagando solamente a las películas bolivianas el 35 por ciento de la taquilla durante su primera semana, en la que además deben superar los 300 espectadores para mantenerse en cartelera.

Los administradores de las salas se defienden señalando que, además de lo dicho, los productores nacionales se preocupan poco por publicitar sus películas, mismas que suelen ser, por otro lado, estrenadas en temporadas altas del cine de Estados Unidos.

“Siempre les he dicho a los directores y encargados que competir con películas extranjeras es como chocarse contra la pared. Deberían programar sus estrenos para febrero, marzo o mediados de agosto, cuando por la temporada baja (del cine comercial) hay más espacio en las salas”, sostiene García. Indica que, pensando que les iba a ir mejor, muchos filmes bolivianos se estrenaron “justo en diciembre, siendo así opacados por los estrenos extranjeros”.

Zambrana coincide con tales ideas y enfatiza en que, además de que el público boliviano es renuente a ver la producción nacional, es muy difícil para los creadores competir con la millonaria publicidad de Hollywood, que por ejemplo se expresa en grandes campañas emitidas por la televisión por cable.

Réquiem para una antigua casera desencantada de la piratería de cine

Doña Laura (nombre ficticio) está decidida a abandonar el negocio de la piratería de cine. No ha sido una decisión fácil ni mucho menos. Después de todo, ha dedicado 15 de sus 39 años de vida a vender copias ilegales -en VHS, VCD, DVD y Blu-Ray- de películas y otros productos audiovisuales, en un puesto callejero de la calle Gral. Achá que le pertenece desde hace 25 años. Quince años a lo largo de los cuales ha permanecido jornadas enteras, de lunes a sábado, atendiendo a clientes, eventuales o crónicos. Quince años en los que ha debido hacer frente a las varias tentativas de desalojarla por la fuerza. Quince años en los que ha encontrado en la piratería de cine el sustento económico para su vida y la de sus dos hijos. Quince años en los que ha aprendido a enamorarse de las películas, en especial de las clásicas... Aun así, la decisión ya está tomada: va a dejar la piratería.



LAS RAZONES

Acomodada en el taburete desde el que controla su puesto de venta, doña Laura se sincera y no teme confesarme los pormenores de su decisión. Algo tendrá que ver el que nos conozcamos desde hace casi 10 años, en calidad de caseros, ella para la venta y yo para la compra. Un lapso en el que, si la memoria no me falla, sólo dos veces hemos intercambiado palabras que trasciendan la circunstancial transacción. La primera fue no hace mucho, cuando, tras un largo viaje, se alegró de que volviera a visitarla y me interrogó sobre las razones de mi prolongada ausencia. Y la segunda es la que, a raíz de mi pregunta sobre cómo anda el negocio, acaba de producir la confesión de que pretende abandonarlo.

“Lo voy a dejar, casero, porque ya no se gana. Hay demasiada competencia y cada vez se vende más barato”, afirma. “Mi hermana me ha convencido de que cambie de una vez de mercadería”. El rubro al que piensa trasladarse es el de los teléfonos celulares y sus accesorios, en el que, a decir de su hermana, habría muchas más oportunidades de ganancia. Con esta justificación se revela como una más de las víctimas de la crisis de rentabilidad que ha desatado la masificación del negocio y la consecuente devaluación de las películas en DVD.

A la frialdad de estas explicación sobreviene la pena, cuando anuncia que, antes de retirarse de la piratería, pretende rematar todo el material que tenga almacenado, incluidas esas copias de cintas clásicas -sobre todo, estadounidenses, mexicanas e italianas- que han sabido ganarle el aprecio y la fidelidad de tantos cinéfilos. Calcula que le quedan menos de 10 de estos clientes asiduos, en su mayoría adultos mayores, a quienes también ha llegado a apreciar. También se acuerda de uno ya fallecido, para el que solía llevar los discos hasta su domicilio. “Como no podía salir por su edad, me llamaba y se ofrecía a pagarme el taxi para ir hasta su casa”, cuenta. “Claro que yo me iba en micro y me ahorraba el dinero que me daba para taxi”, confiesa, sin ocultar una risa pícara.

LA PREMONICIÓN

La exposición de las razones que la llevan a abandonar la piratería le trae a la memoria la sentencia de un antiguo Intendente Municipal, uno de los varios a los que sobrevivió, quien habría pronosticado el declive de la venta ilegal de filmes. “Me acuerdo bien que nos dijo: ‘ustedes mismos se van a matar entre vendedores, por la competencia”, recuerda. “Y ahí está: justo eso está pasando”.

La triste evocación de la premonición de aquel Intendente coincide con la llegada de la hija mayor de doña Laura, a quien, antes de dejar libre para el encuentro familiar en plena acera, sólo atino a preguntar por los años que lleva dedicada a la venta de audiovisuales. “Deben ser como 15 años”, calcula. “Casi la edad de mi flaca”, añade, en referencia a su hija adolescente, a la que no tarda en abrazar. Interpreto el gesto familiar como una señal para marcharme. Mientras camino caigo en cuenta de que, durante los casi 30 minutos de charla, la casera no recibió a ningún otro cliente. Asumo que debe ser nomás cierta la crisis a la que atribuye su decisión de dejar la piratería. Vuelvo nuevamente la mirada hacia el puesto, buscando encontrar a algún comprador al que mi dilatada presencia pudo haber ahuyentado. Pero el panorama no ha cambiado: enfundada en un jean, una blusa manga larga y un chaleco de lana para combatir el frío invernal, doña Laura se aferra a su flaca, recién llegada del colegio, sin cliente alguno a la vista.

LA CALLE

Unos días más tarde, vuelvo a buscar a la casera para saber si no ha cambiado de parecer. Me aclara que está aún más resuelta a abandonar la venta de DVD piratas. Tanto es así que ha visto por conveniente ofertar casi todo su material disponible en bolsas de plástico, y no así en las típicas cajas de plástico, con el ánimo de venderlo a un precio más bajo y en el menor tiempo posible. Eso le permitiría cambiar de rubro en un par de semanas más.

Eso sí, sea cual fuere la mercadería que maneje, permanecerá en el mismo lugar que ocupa ahora. El puesto es legalmente suyo. Paga patentes por él desde hace 25 años. No siempre lo empleó para vender películas, desde luego. Al principio lo usó para ofrecer chocolates, luego cambió a los casetes de audio y de ellos a los VHS de videos infantiles y los VCD, DVD y Blu-Ray con películas. Estos dos últimos son los que siguen conviviendo en el ajustado anaquel de fierro que monta cada día para la exposición de sus productos.

Ella no es para nada ajena a los cambios tecnológicos ni reacia a adaptarse a las condiciones que impone el mercado. Ahora mismo, mientras me habla, no para de introducir discos de DVD con sus láminas en pequeñas bolsas transparentes que luego venderá a 5 bolivianos por unidad. Lo hace con una disciplina y escrúpulo admirables, cual si se tratara de una delicada manipulación industrial. Sólo interrumpe la labor para atender a unos potenciales clientes: un adolescente empecinado en encontrar Monster University en calidad DVD (que no hay), una ensimismada mujer que busca videos de psicología evolutiva (que tampoco hay) y una joven que se lleva un par de discos de la serie La pequeña casa en la pradera. Para devolverle el cambio a esta última acude a su vecino, otro comerciante pirata que, a unos pasos de su puesto, vende discos musicales y que, huelga decirlo, es su pareja. “Ustedes se conocieron gracias a la piratería”, bromeo. “Podría decirse que sí”, me responde, entre risas, dejando exhibir su dentadura salpicada por el oro.

DUDAS

Casi una semana después, retorno al puesto de la casera, que apenas tiene tiempo para conversar. Los clientes no paran de llegar y de llevarse DVD. En sus contados intervalos libres, me hace una nueva confesión: ya no está tan segura de dejar la piratería. Cree que la estrategia de venta de discos en bolsas de plástico ha traído una nueva bonanza al negocio. No sabe cuánto vaya a durar, pero quiere aprovecharla al máximo. Después de todo, sabe que esto del comercio tiene ciclos buenos y malos. Y como para evitarle más explicaciones innecesarias, llegan dos nuevos clientes.

Pirateria El negocio mueve unos 40 millones de dólares en Bolivia

“Hay más puestos de venta de películas piratas que vendedores de pan”, reniega, no sin cierta sorna, C.M., un joven dedicado, desde hace 11 años, a la descarga, distribución y venta de copias ilegales de materiales audiovisuales. La comparación que ensaya este consumado pirata podría ser lo más parecido a una estadística sobre el alcance social y económico de la piratería de cine en Bolivia. Ya se sabe que la información cuantitativa suele ser en Bolivia un bien muy escaso, más aún cuando se trata de actividades informales e ilegales, como el del comercio ilegal de cine.

En este contexto, no deja de ser valorable el esfuerzo que la distribuidora de cine Yantaría, a la cabeza de Marcelo Cordero, ha desplegado para obtener y reunir información -cualitativa y cuantitativa- sobre el estado del mercado del cine pirata en Bolivia. Un esfuerzo que, entre otros hallazgos, le ha permitido estimar que la piratería de películas genera en Bolivia unos 40 millones de dólares por año.

Esta cifra se desprende del cálculo de los ingresos reportados por los cerca de 2.500 comerciantes afiliados a la Federación de Vendedores de Artículos Callejeros y DVD, una organización que ha llegado a ser registrada por autoridades del Consejo Nacional de Cine (Conacine), afirma Cordero. En este entendido, es una cifra que bien podría aumentar exponencialmente, si se tiene en cuenta la cantidad de vendedores de películas piratas no afiliados al gremio.

RENTABLE

Los datos de Cordero hablan de la vigente rentabilidad del negocio de la piratería de cine en Bolivia. “Producir 1.000 DVD, ya listos para la venta, cuesta en Bolivia unos 100 dólares”, afirma este distribuidor especializado en cine independiente. “Con vender a unos 3 bolivianos cada DVD, ya obtienes 3.000 bolivianos, unas cuatro veces más de lo invertido en la producción”.

Sin embargo, esta aparente rentabilidad no se traduce en un clima de prosperidad para la totalidad de comerciantes de copias ilegales. En rigor, solo los distribuidores más fuertes y los vendedores más estables son capaces de aprovechar efectivamente el margen de ganancia que ofrece el negocio.

A muchos de los comerciantes la venta sólo les da para sobrevivir y mantener activo el negocio, y a otros tantos ni siquiera para eso. Así lo revela el progresivo cambio de rubro que afirman estar experimentando o alistando varios de los piratas consultados para este reportaje.

En esto ha tenido mucho que ver la multiplicación desmedida de puntos de venta de copias ilegales de cintas, que, en el último tiempo, se ha traducido en una depreciación significativa de los productos audiovisuales.

Este contexto explica que la oferta de DVD piratas se haya expandido de sus tradicionales plazas de venta a todo tipo de circuitos, desde puestos ambulantes montados en vehículos hasta tiendas barriales, donde el costo por unidad de DVD puede oscilar entre los 3 y los 10 bolivianos. A esta radical devaluación del DVD se atribuye la creciente penetración del Blu-Ray, un formato de mayor calidad cuyo costo por unidad fluctúa entre los 12 y 20 bolivianos.

CRISIS Y

ALTERNATIVAS

Sin dejar de ser rentable, más para unos que otros, la piratería de cine en Bolivia enfrenta actualmente una crisis, por efecto de la masificación de los puntos de venta y del consecuente abaratamiento de las películas. Esta crisis obedece también al abaratamiento de los insumos (el DVD en blanco cuesta 1,10 bolivianos por unidad) y a la popularización de nuevas tecnologías, como el Blu-Ray. Se trata de una crisis que podría agravarse una vez que el servicio de internet sea más accesible y de mejor calidad en el país y, con ello, facilite a los usuarios la descarga independiente de películas. Y que podría complejizarse aún más en el momento en que se produzca el apagón digital en Bolivia y se reduzca la demanda de filmes en formato físico (discos).

La toma de conciencia de esta crisis está llevando a varios piratas a buscar estrategias de adaptación y sobrevivencia. Es el caso de C.M., que se ha especializado en la descarga y venta independiente de cine de autor, un mercado en el que, aun registrando en demanda menor que con el cine comercial, tiene escasa competencia.

También es el caso de los piratas agremiados en La Paz, que han apostado a financiar -con entre 10 mil y 50 mil bolivianos- algunas producciones audiovisuales locales de corte artesanal, para las que han encontrado un interesante mercado. Una alternativa que, dicho sea de paso, les permite actuar legalmente, en cuanto productores de las cintas.

Los piratas también “hacen cancha”

Es “día de feria”, como todos los miércoles y sábados. Comerciantes, amas de casa y gran parte de la población salen de sus casas para abastecerse de productos. Los comerciantes del cine y audiovisual no son la excepción.

Se puede recorrer la calle Esteban Arze, desde la Ayacucho hasta la Tarata, y encontrar una amplia cantidad de negocios que se dedica a la venta de DVD y Blu-Ray en blanco. Estos soportes de almacenamiento de datos son los insumos principales empleados para grabar y vender películas.

Cincuenta unidades de DVD tiene un costo de 65 bolivianos. El precio por unidad del Blu-Ray “normal” es de 7 bolivianos, que en realidad es el DVD doble capa y se vende “con engaños”, según informa A.V., cliente asiduo de la zona.

El Blu-Ray “verdadero” serigrafiado (que permite imprimir los artes de las películas) tiene un costo de 9 bolivianos por unidad. Uno de marca genérica cuesta 8 bolivianos.

El tubo que contiene 50 unidades de Blu-Ray original de la “mejor marca” cuesta 400 bolivianos; en marcas de “menor calidad” el precio asciende a 280.

Según A.V., los precios de DVD y Blu-Ray tienen una notable diferencia de precio en La Paz.

IMPRESIÓN

Otra de las herramientas de uso regular para los piratas es la impresora empleada en la serigrafía de los artes de los discos y las tapas de las cajas de las películas.

F.A., que tiene un pequeño negocio de impresión para los comerciantes de películas, cobra 2 bolivianos por tapa cuando el trabajo es arriba de diez impresiones. Por unidad cobra 5 bolivianos.

Una impresora Epson 750, diseñada para serigrafiar y con un sistema de recarga continua, oscila entre 280 a 320 dólares. Según A.V. es una de las mejores del mercado, lo que explica su alto precio.

“Tranquilamente, (la 750) te saca de 3.000 a 5.000 copias antes de llegar al fin de su periodo de vida útil”, precisa A.V.

PENSANDO EN EL PUESTO

Si se tiene un puesto de comercialización de películas, es necesario tener una pequeña televisión con su reproductor de DVD o Blu-Ray.

Un reproductor de DVD de la marca Philips cuesta 40 dólares. Uno de la marca Sony está a 45 dólares. El reproductor Blu-Ray, dependiendo la marca y si dispone del sistema 3D , puede costar desde 115 hasta 150 dólares.

“En la mayoría de puestos verás reproductores de la marca Philips. Aguantan más y te leen todo”, finaliza A.V.