domingo, 11 de septiembre de 2011

Ríos de hombres: retrato de la derrota

Tras rotar por algunos festivales cosechando premios y a la vez innumerables críticas y reproches, llega a nuestras salas Ríos de hombres, segundo largometraje documental del mexicano Tin Dirdamal. Denominado por el mismo director como una respuesta a También la lluvia de Iciar Bollaín o como la derrota detrás de la victoria de la guerra del agua acaecida en Cochabamba en el año 2000, este documental interroga al hombre como sujeto propietario del agua, a la historia contemporánea de Bolivia respecto a sus mitos sociales e interpela a la clase política nacional, en tanto construye su liderazgo en las calles, entre revueltas y demandas sociales.
Retratar la victoria
Movilizado por la primera victoria contra la globalización o contra el modelo neoliberal en America Latina, al inicio de Ríos de hombres Tin Dirdamal nos confiesa sus intenciones al llegar a Cochabamba. Como en cualquier ejercicio documental, más aún en el que indaga sobre las claves de un fenómeno histórico, el realizador comparte su deseo: retratar la primera victoria y de esa manera ser parte del triunfo del pueblo.
Con la intención de quedarse sólo tres meses, Dirdamal –que terminó quedándose siete años– busca el rostro de la victoria popular en sus actores, estructurando el documental entre testimonios de sujetos fundamentales de esa victoria popular: no los que viajaron o son famosos, como señala uno de los entrevistados en el documental, sino aquellos que dejaron de ser invisibles esos días, los niños de la calle. O también, en el testimonio del General Gil, ahora en retiro, que por primera vez relata lo ocurrido en Cochabamba hace 11 años. Además de este personaje público que reconoce su grado de responsabilidad en el asesinato del adolescente de 17 años Victor Hugo Daza, está el relato conmovedor de la madre de éste y de Willy, un comunario que salió a las calles presionado, para evitar la privatización del agua y de la lluvia en Cochabamba. Hasta el día de hoy, ni la madre de Daza ni este comunario tienen agua.
Estos cuatro relatos, sujetos con rostro, parecen haberse perdido en la vorágine de la política y las consignas que sucedieron al triunfo del pueblo boliviano sobre una gran transnacional. A la fecha, esto sigue ocurriendo cada vez que el pueblo boliviano triunfa sobre una entidad extranjera explotadora, dejando con esto en el olvido y marginación a las individualidades que hacen a la azarosa constitución de la masa o movimiento social. Éste, como denuncia en específico Ríos de hombres, sólo se constituyó para defender los privilegios de una minoría y no así el derecho al agua de la gran mayoría movilizada.
Complejidad
Tras el recuento de los testimonios, el desgaste y futilidad de otros, Dirdamal detiene el relato, interviniendo nuevamente como al inicio del filme: nos comparte el grado de complejidad que va adquiriendo esta búsqueda del triunfo popular y decide hacernos cómplices de una decisión.
Como la pérdida de la inocencia política, Dirdamal va comprendiendo, por la carencia de coherencia y la frecuencia de consignas vacías, que esta guerra, este triunfo, podría no ser más que otra frustración engendrada por la masa en acción a favor de una minoría. Y que la respuesta a cualquier demanda y necesidad social no se da por medio de la organización popular. Dirdamal plantea esta abrupta ruptura con la masa y el movimiento social organizado desde varios lugares. Ya sea desde la respuesta, tardía, del general Gil, que impide la militarización de su guarnición, Cochabamba, evitando con ello una masacre; o con la migración de rubro de Willy, que pasa de cultivar flores a trabajador siderúrgico por falta de agua. Incluso el niño de la calle que recuerda la guerra del agua con nostalgia, porque en ese entonces dejó de ser un paria social para ser un “guerrero del agua”; y la solicitud de la señora Daza de no considerar a su hijo un héroe o mártir, porque sólo es “su hijo muerto”.
Este retorno al individuo como clave de comprensión y articulación del relato, permiten, tanto al espectador como al director del documental, comprender la magnitud inútil e instrumental que tuvieron, tienen y seguramente tendrán las masas en acción aglutinadas en movimientos sociales. Y al mismo tiempo, como la secuencia final advierte con claridad, cuando se trata de acciones colectivas movilizadas por discursos emotivos y maniqueos nos reconocemos fatalmente como vacas yendo al matadero. Esta interpelación de unos hechos tan importantes en nuestra historia contemporánea, seguramente generará en la audiencia boliviana la interrogante sobre la validez de la organización social movilizada, más aún cuando los afectados no sufren cambios en su calidad de vida (la Guerra del agua, la Guerra del gas, la Guerra por la capitalía y las guerras que vendrán), mientras que los dirigentes de turno sí lo hacen.
*Crítico de Cinemas Cine
2000 Durante el cambio de milenio ocurrió en la ciudad de Cochabamba la llamada Guerra del agua

Tras rotar por algunos festivales, llega a nuestras salas el segundo documental del mexicano Tin Dirdamal. Denominado por él mismo como una respuesta a También la lluvia de Iciar Bollaín o como la derrota detrás de la victoria de la guerra del agua, el film interroga al hombre como sujeto propietario del agua y a la historia contemporánea de Bolivia.

Como la secuencia final advierte con claridad, cuando se trata de acciones colectivas movilizadas por discursos emotivos y maniqueos, nos reconocemos fatalmente como vacas yendo al matadero. Esta interpelación de unos hechos tan importantes en nuestra historia contemporánea, seguramente generará en la audiencia boliviana la interrogante sobre la validez de la organización social movilizada.

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