viernes, 3 de junio de 2011

Butch Cassidy cabalga de nuevo

Butch se perdió en la limpia mirada de Sundance y le sonrió con cariño. No hacían falta las palabras. Ambos comprendieron que su situación era desesperada.

Rodeados por un contingente de soldados bolivianos, no tenían otra alternativa que entregarse a las autoridades o morir ahí mismo, en aquella cabaña que durante el largo invierno les había servido de refugio hasta el 8 de noviembre de 1908, el día de su muerte.

Según William Goldman, guionista de Butch Cassidy and the Sundance Kid (Dos hombres y un destino), la película que con mucho acierto dirigió George Roy Hill en 1970, ambos salieron de la cabaña disparando a diestra y siniestra “mientras los sorprendidos soldados se tomaban un segundo para comprender por qué aquellos gringos se suicidaban lanzándose a pecho descubierto contra las balas bolivianas”.

En una entrevista concedida a la revista Newsweek, a propósito del éxito de la película protagonizada por dos símbolos sexuales del momento, Robert Redford y Paul Newman, William Goldman confiesa que el final de Butch y Sundance “es el que hubiera soñado cualquier forajido de leyenda, aunque no sucedió precisamente así”.

Forajidos de leyenda

En 1976, especialistas de la revista National Geographic organizaron una expedición de la ruta que supuestamente siguieron los ciudadanos estadounidenses Robert Leroy Parker, alias Butch Cassidy, y Harry Longabaugh, conocido como Sundance Kid. Buscados “vivos o muertos” por la agencia Pinkerton (el antecedente histórico del FBI), los forajidos deciden huir de Estados Unidos a principios de 1900, dejando una estela de delitos cometidos como líderes de la banda bautizada por la prensa como The wild bunch (La pandilla salvaje).

“Desde 1876, la pandilla salvaje asaltó tres bancos en territorio de Utah, un par de diligencias en Minessotta y la nómina de una empresa minera en Telluride. Son golpes pequeños, pero la prensa del momento empieza a tejer la trama de una leyenda y multiplicó las hazañas de la Pandilla Salvaje”, escribe el historiador Norman Connolly, quien recorrió la ruta de Butch y Sundance hasta Sudamérica, en concreto el cementerio de San Vicente, en Potosí. “He pedido exhumar los cadáveres, pero las autoridades locales me lo negaron”, escribe Connolly. “Para la gente del lugar, las tumbas son un atractivo turístico más para una región tan pobre”, señala el investigador irlandés a quien, curiosamente, le unen ciertos lazos familiares con Butch Cassidy.

Un matrimonio en Iowa

De acuerdo con Andrew Palmer, historiador y antropólogo del Instituto Smithsonian, en el cementerio de San Vicente sólo está sepultado Harry Longabaugh, Sundance Kid. “Sundance fue herido de muerte durante un enfrentamiento con los soldados bolivianos. Su amigo y compañero Butch Cassidy huyó con su amante Etta Place a Argentina, donde se le atribuyen al menos dos asaltos a entidades bancarias en Río Gallegos. Desde ahí, abordaron un barco de regreso a Estados Unidos”, dice Palmer.

En Des Moines, Iowa, existe un certificado de matrimonio fechado el 8 de marzo de 1910. No acompaña ninguna fotografía, aunque “en la película Paul Newman, Butch Cassidy, aparece ya veterano en una raída foto con una elegante novia, Etta Place, intepretada por Katharine Ross”, sostiene el investigador Andrew Palmer.

Lo cierto es que el matrimonio no fue precisamente dulce. Butch Cassidy tenía cierta inclinación por el alcohol y “era prácticamente imposible que se quedara más de una semana en casa”, escribe Norman Connolly. Al cabo de dos meses, uno de los hombres más buscados de Estados Unidos desaparece sin dejar rastro. Ni siquiera la agencia Pinkerton pudo hacer algo al respecto, para dolor de su fundador, el célebre Allan Pinkerton que en sus memorias escribió que “el único criminal que no pude atrapar fue Butch Cassidy, porque simplemente se borró del mapa.”

El misterio se mantiene

Como es lógico, las especulaciones sobre el destino de Butch Cassidy siguen avivando la llama de la investigación histórica. Según cuentan los expertos Anne Meadows y Daniel Buck en su trabajo Los últimos días de Butch Cassidy y Sundance Kid, Red Fenwick, un periodista de The Denver Post, le contó al escritor Ivan Goldman -quien entonces era periodista del mismo periódico- que había conocido a una doctora de la que Cassidy había sido paciente muchos años después de su presunta muerte en Bolivia. “La doctora Daniella Jarvis, atendía con suma dedicación una herida de bala que a Butch le provocaba intensos dolores en la región lumbar”, le dijo Red Fenwick al escritor Daniel Buck.

Otra variante de la historia, si cabe más extraordinaria, sostiene que Cassidy viajó a París, donde sus facciones fueron alteradas por un cirujano plástico de apellido Alessi “con un consultorio cercano al famoso Pont D’ Alma”.

En definitiva, una historia fascinante porque no tiene un final.

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