sábado, 7 de noviembre de 2015

‘Spectre’, la película más cara de la saga Bond

Para que vayan abriendo boca: «Spectre» es la película más cara de la saga de James Bond. Al principio se estimó un presupuesto de 250 millones que finalmente parece que se disparó a los 370. No es algo que importe mucho a la productora si tenemos en cuenta que la última película de la saga recaudó mil millones de dólares. Así que el margen es grande, sobre todo si vemos que su recaudación en seis países europeos ascendió a 80,4 millones de dólares (41,7 millones de libras en el Reino Unido). Las cifras cuadran si observamos la producción de la película, que ha sido rodada en cinco localizaciones diferentes: México, Los Alpes (Solden, Austria), Roma, Marruecos y Londres. El encargo ha sido llevado a cabo por Dennis Gassner, ganador de un Oscar. Para Gassner es su tercer Bond y su cuarta colaboración con Sam Mendes, director del filme.

Lo primero que le dijo Mendes fue «¿puedes dar con dos localizaciones, una muy caliente y otra muy fría? De ahí el contraste entre México y los Alpes. En el primer escenario se recreó el Día de los Muertos con un desfile muy complejo que contó con diez maquetas y carrozas decorativas de esqueletos. La más alta de ellas medía once metros. La principal fue el esqueleto de La Calavera Catrina, inspirada en el ilustrador y litógrafo mexicano José Guadalupe Posada, con un sombrero que medía diez metros de ancho.

Allí se trabajó en el Gran Hotel, en la Plaza Tolsa y en el Zócalo, con 1.520 extras a los que vistieron y maquillaron 107 profesionales, de los cuales 98 eran de la ciudad. El helicóptero que construyeron en la escena mexicana tuvo muchos problemas porque debía realizar caídas libres y acrobacias tipo tonel, algo que debido a la altitud de México creó numerosas dificultades. A pesar de ello, hubo ocasiones en las el especialista logró volar a tan solo nueve metros de los extras.

Hacer descender un avión por la nieve

Para la localización de los Alpes se viajó a Suiza, Austria e Italia para al final recalar en Solden donde había un restaurante, el ICE-Q, en la cima de la montaña Gaislachkogl, donde montaron la clínica Hoffler. Sin embargo, los interiores se montaron en los estudios Pinewood donde se crearon secciones en voladizo en torno a un patio central, a gusto de la obsesión que Mendes tiene por la simetría.

Sin embargo, en Austria el mayor problema fue hacer descender un avión por la nieve. Teniendo en cuenta que todas las escenas de acción de Bond se realizan con planos de cámaras reales, la tarea resultó ingente. Se colgaron aviones de cables descendiendo cerca del Range Rovers bajando a toda velocidad y, además, se construyeron aviones con motonieves ocultos incorporados para poder pilotarlos. De locura. Para haberse matado.

Por otra parte, cuando fueron a rodar a Austria no había ni hielo ni nieve. Se retrasó el rodaje y hubo que realizar un desplazamiento de varios kilómetros para probar las plataformas y motonieves que movían los aviones. Además, tuvieron que fabricar 400 toneladas de nieve artificial para cubrir las laderas.

Pero si hubo problemas en Austria, rodar en Roma fue aún más difícil pues poner montar una carrera a 160 kilómetros por hora con un Aston Martin DB10 y un Jaguar C-X75 en calles como las romanas no es tarea baladí. Les denegaron una gran cantidad de permisos y al final, cuando se consiguieron, estuvieron 18 noches rodando la secuencia. También se utilizó el Museo de la Civilización Romana para el encuentro entre Bond y el personaje de Monica Bellucci.

Rizar el rizo

En Marruecos tampoco hubo facilidades. Se rodó en Tánger y Erfoud y una segunda unidad fue a Uchad en el noreste del país. El problema fue trabajar en el desierto. Mendes y los suyos tuvieron que avisar a toda la población en un radio de 32 kilómetros de que habría explosiones ruidosas. Para ello (y para la seguridad) se contrataron a nómadas de la región. Para empeorar las cosas, una gran tormenta de arena asoló Erfoud el primer día del rodaje, obligando a suspender la producción durante toda una tarde ya que la visibilidad era nula. El equipo tuvo que ponerse a cubierto en el interior de sus vehículos ya que los vientos alcanzaron los 80 kilómetros por hora. El caso es que la temperatura en Erfoud fue de un promedio de 45 grados y llegó a alcanzar los 50 grados el día más cálido. Allí, el equipo de efectos especiales produjo una de las mayores explosiones en la historia del cine al utilizar 8.000 litros de queroseno para el estallido.

Respecto a Londres y aunque hubo una compleja escena de persecución entre un barco y un helicóptero, lo más difícil, paradójicamente, fue montar el piso de Bond. Para lo primero se mandaron 11.000 cartas a los residentes y comerciantes que estaban dentro de la zona de vuelo para avisarles de la escena. Además, tuvieron que montar luces desde diez tejados para iluminar el río. Sin embargo, eso no fue nada a la hora de imaginar el piso de Bond porque cada una de las personas implicadas tenía una idea diferente. Ni uno solo coincidía. Hasta el mismo Craig opinó al respecto. Al final hubo consenso con una mezcla de unos y otros.

Resumiendo, las cifras cantan: en cada rodaje nocturno participó un equipo de localizaciones de 200 personas, incluyendo a jefes de policía, personal de seguridad y agentes de tráfico y policía. Hasta los 370 millones sería poco.

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