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domingo, 3 de julio de 2011

Transformers 3 estrena personajes

La película Transformers 3: El lado oscuro de la luna atrae la atención de chicos y adultos en el país.
El estreno muestra a los Autobots Bumblebee, Ratchet, Ironhide y Sideswipe, encabezados por Optimus Prime. Ellos vuelven a la acción, enfrentándose a los malvados Decepticons, determinados a ajustar cuentas por su derrota de 2009 en Transformers 2: La Venganza de los Caídos. En esta nueva película, los Autobots y los Decepticons se involucran en la carrera espacial entre los Estados Unidos y Rusia, y una vez más el humano Sam Witwicky tendrá que acudir al rescate de sus amigos robots. El destino, como siempre, de la humanidad y el resto del universo estará en manos de estos dioses maquinarios, cuyo enfrentamiento fraticida, lo decidirá el detalle más inesperado. Hay nuevos personajes, incluso un nuevo villano que toma la forma de Shockwave.

“Kung Fu Panda 2” es la mejor película en 3D desde “Avatar”

• Jeffrey Katzenberg, cofundador de la productora de animación DreamWorks, afirmó que esta técnica funciona a la perfección con la animación, pero no con la acción real.

Madrid (EFE).- Jeffrey Katzenberg, cofundador junto a Steven Spielberg y David Geffen de la productora de animación DreamWorks SKG, una de las más poderosas del mundo, asegura que su última película “Kung Fu Panda 2” es “probablemente la mejor película realizada en 3D desde ‘Avatar’”.

“Lo hemos hecho mejor que nadie, hoy por hoy”, dijo el productor en una entrevista con EFE en Madrid.

Katzenberg, cuyo rechazo a la conversión de películas a 3D en postproducción es ya conocido, afirmó que esta técnica funciona a la perfección con la animación, pero no con la acción real, cuya transformación se hace “por sacar dinero fácil y rápido”, pero, en su opinión, solo consigue “traicionar a los espectadores”.

“Hay muchas películas en 3D pésimas que han hecho mucho daño a la marca 3D, pero cuando los espectadores vean de forma más continua buenos trabajos en 3D, confiarán en nosotros”, aseguró el productor, para quien ésta es, sin duda, la película mejor realizada en 3D desde “Avatar”, de James Cameron.

En “Kung Fu Panda 2”, donde se develan algunos secretos (evidentes), como que el ganso no es el padre biológico de Po, hay voces nuevas, las de Jean Claud Van Damme o Lucy Liu, mientras repiten “Po” (Jack Black); “Tigresa” (Angelina Jolie); “Shifu” (Dustin Hoffman) y “Monkey” (Jackie Chan) porque son “las mejores”, y en la versión española se ha hecho lo mismo.

“DreamWorks seguirá haciendo nuevos capítulos de ‘Shrek’, ‘Madagascar”’ o ‘Kung Fu Panda’, fundamentalmente porque funcionan”, aunque “no es más fácil” hacer segundas o terceras partes pues es más duro “intentar convencer a gente que ya conoce a los originales de que esta nueva entrega merece la pena”, afirma Katzenberg.



La historia de Cassidy Blackthorn, sin destino

1 DE JULIO, ESTRENO EN ESPAÑA

En Blackthorn, el protagonista es un Butch Cassidy ya anciano, que después de vivir aislado y escondido en la Bolivia tropical durante 20 años, decide regresar a los Estados Unidos. En su camino se cruzará con otro jinete, Eduardo Apodaca, un ingeniero español reconvertido en ladrón, con el que regresará al territorio de los fuera de la ley. Bajo la piel de Butch Cassidy, se esconde el veterano actor y totem de la dramaturgia americana, Sam Shepard y en el papel de Apodaca, Eduardo Noriega.

UNA LEYENDA DEL WESTERN

Como una bota de vaquero, la piel de Sam Shepard se adapta prieta a la carne del viejo y solitario Butch Cassidy, protagonista de Blackthorn y forajido reputado de la iconografía y el cine clásico estadounidense. En el filme, Shepard recorre a caballo las altas llanuras de Bolivia, como lleva haciendo en las del medio oeste norteamericano desde que era un niño.

Huye del sentimentalismo en su interpretación como ha hecho a lo largo de medio siglo en sus textos dramáticos, por lo que se le considera el dramaturgo vivo más célebre y más representado de EEUU. Y canta por primera vez en pantalla, con voz ronca y honda, cerrando el círculo de una vida vinculada a la música, que empezó como batería de los psicodélicos Holy Modal Rounders, y que continúa en la intimidad de su casa.

Sam Shepard es un nuevo Butch Cassidy, armado de una firme moral y curtido como buen personaje-icono de las películas del oeste. "Siempre he estado muy influido por el western, también en mis obras de teatro y en mi manera de pensar. Crecí viendo películas de vaqueros y montando a caballo. Eso marca", dice Shepard desde su casa de Nueva York, donde no tiene ni ordenador ni internet, sólo una máquina de escribir desde la que sigue hablando de la soledad contemporánea.

Todo esto ocurre bajo la mirada de un director español. Mateo Gil, guionista habitual de Alejandro Amenábar, dirige un western ejemplar, que fascinó en el Festival de Tribeca, donde la distribuidora indie estadounidense Magnolia compró los derechos para su estreno norteamericano. La película se estrenó este viernes en España.

El guión firmado por Miguel Barros fue lo que sedujo a Shepard, ganador de un premio Pulitzer en 1979 por Buried Child. "Es uno de los mejores guiones que he leído en los últimos diez años, y es precisamente una buena escritura lo que me atrae a la hora de elegir un proyecto. No tanto las ideas que se plantean, porque las ideas suelen decepcionar", dice irónico.

Blackthorn parte de una pregunta y un deseo: ¿Qué hubiera ocurrido si Butch Cassidy no hubiera muerto en aquel tiroteo en Bolivia con el que acababa la célebre película de Roy Hill? ¿Qué habría pasado si aquella moral de ladrón a lo Robin Hood no hubiera desaparecido? Tanto Shepard como Mateo Gil insisten en que Blackthorn no es ninguna continuación del clásico. "Son como el día y la noche. Una es una película sobre la juventud. La otra, sobre la vejez y la soledad", apunta el actor que debutó en el cine en Días del cielo.

Reconvertido en un ranchero viejo y solitario que cría caballos en un valle remoto de Bolivia, Cassidy, ahora bajo el nombre de James Blackthorn, quiere volver a casa para morir y reencontrarse con un jovencito, hijo de Sundance Kid o de él mismo. Pero en su camino de vuelta se cruzará con un personaje ambiguo, un tal Eduardo Apodaca, que lo enredará en un golpe y en una huida que le recordará a los viejos tiempos. "Mateo y Eduardo insistían en forzar la amistad de ambos personajes, pero yo nunca lo vi claro", comenta el actor. "Cassidy es un solitario", recalca.

“rodar en bolivia no fue nada fácil”

El impacto de Blackthorn en el Tribeca Film Festival de Nueva York ha sido determinante para su exhibición en el mercado estadounidense en los próximos meses. A este respecto, Mateo Gil reconoció que "tenía cierto miedo a que la película resultara extraña y la respuesta fue más cálida y sentí que me daban las gracias por recuperar a Butch Cassidy y el balance es fantástico". Con un reparto encabezado por Sam Shepard, Eduardo Noriega, Stephen Rea y Magaly Solier, Blackthorn, sin destino sigue la estela de los protagonistas de Dos hombres y un destino (1969), de George Roy Hill, en una ficción sobre la vida de Butch Cassidy y Sundance Kid veinte años después de que se vieran envueltos en el tiroteo que coronaba la cinta de 1969.

Rodar en Bolivia una película de este tipo no fue fácil, al igual que su financiación. La sintonía con el productor Andrés Santana y su convicción de sacar adelante el proyecto fueron determinantes para que el western de Mateo Gil saliera adelante. "Fuimos a ver las localizaciones en Bolivia con Andrés Santana y la conclusión fue que el viaje era una locura, pero no nos quedaba", apuntó Gil.

SIN SEGURO

Por su parte, Andrés Santana, que recordó anécdotas del rodaje como el tránsito por carreteras y parajes sin servicio alguno para el numeroso equipo humano y técnico, y el hecho de que ninguna aseguradora quisiera asumir el riesgo de filmar en esta zona. "Esto ha sido una aventura loca, y aunque muchas veces estaba aterrado, la aventura ha valido la pena", subrayó.

La razón de Bolivia, además de la evidente conexión geográfica con Dos hombres y un destino, estaba en que "son paisajes poderosos" que a juicio del realizador marca distancias a otros western de cabecera en la historia del cine.

A Mateo Gil le queda por delante el reto de que su película tenga un poder de convocatoria en los cines acorde a las expectativas y valoración de la crítica especializada. "Es difícil llevar la gente al cine y también es difícil convencer a las nuevas generaciones para ir a ver un western", puntualizó el realizador español.

Biutiful: desgracias al por mayor

Uno: Un cojo iba de viaje. A pie. En una intersección de caminos, como en tantas de La Paz, se topa con un energúmeno, de esos que, porque tienen un carro o carruaje, creen que se compraron el mundo. Los insultos y razones, de una y otra parte, inician su danza: “yo iba de subida, animal”, “la cebra manda, cojudo”, etc. El cojo, que no lo era para los golpes, pierde la paciencia: mata al energúmeno. Sólo años después, frente a una ciudad desolada, el cojo entenderá su asesinato: descubre, por ejemplo, que ese energúmeno que había victimado en un cruce de caminos no era otro que su padre biológico. Plagas, acertijos y un mal matrimonio con su madre completan el castigo. Esta es, locaciones más o locaciones menos, la historia de Edipo. De ella se ha dicho y se puede seguir diciendo mucho. Pero algo es claro: pese a su irrefrenable truculencia, la de Edipo no es una buena historia porque acumule, sin respiro, una desgracia sobre otra.

Dos: El mexicano Alejandro González Iñárritu cree que las meras desgracias, esas que nos caen del cielo, son suficientes para crear “profundidad” y ser “serio”. Sin duda, desgracias tales existen, a montones. Pero no es tan seguro que su solo amontonamiento alcance para trazar algo más que un dramón panfletario o la constatación un tanto evidente de que el mundo puede ser una mierda. Pensemos, ya que hemos convocado el ejemplo, en Edipo: no sólo se trata de que le lluevan iniquidades sin que tenga mayor responsabilidad en el asunto sino, sobre todo, que esas iniquidades le llueven precisamente mientras trata de huir de ellas. En Biutiful, el protagonista, Uxbal, sufre, en cambio, la suerte de Edipo o Cristo sin que, en ello, intervenga plan, diseño o destino que valga la pena mencionar. La suya es como una lenta (148 minutos) pelea de boxeo en la que el contrincante lo único que le lanza son golpes bajos.

Tres: La gente se cae, la gente se arroja tortas de merengue a la cara, la gente hasta se tira pedos en compañía de extraños. Esto existe y puede ser chistoso. Lo que es dudoso es que sea posible, hoy, construir una buena comedia con esos ingredientes. Lo mismo con el drama: hay gente con pésima suerte, a la que le acaecen, en poco tiempo, minuciosas desgracias, pero semejante obviedad no basta para conmovernos más allá de lo que nos conmueve ver las noticias, cada día. En Biutiful, al protagonista le sucede de todo: un cáncer terminal, una esposa bipolar y alcohólica que se prostituye, un trabajo que consiste en explotar inmigrantes muertos de hambre, un don que le permite escuchar almas en pena. Para cuando esta caravana de desgracias ha sido expuesta, la película apenas ha comenzado: lo triste viene después.

Cuatro: La mía, hasta aquí, es una reacción que se arriesga a ser tan monótona como la película. Al menos eso dice mi señora esposa y estoy de acuerdo con ella: Biutiful trabaja nuestras reacciones y es imaginable que algunos espectadores reaccionemos mal. Me explico: más allá de sus méritos, que no son pocos, Biutiful molesta a muchos (entre los que me cuento) por su brutalidad emocional, por la escasa distancia que deja para que pensemos. La película nos abruma de mala manera, impide que respiremos. No importa la escena, la inminencia de algo terrible es el único registro de la película.

Cinco: Biutiful es el cuarto largometraje de González Iñárritu. Llega luego de su conocida trilogía: Amores perros (2000), 21 gramos (2003) y Babel (2006). En estas tres trabajó con el mismo guionista, Guillermo Arriaga, que es el verdadero inventor de la fórmula que ambos popularizaron: historias entrelazadas, varios tiempos y muchos personajes, coincidencias a granel y momentos epifánicos en los que el destino revela sus hilos a los personajes. Además de tristemente influyente (sus imitadores son legión), esta formula se agotó rápido (ya en 21 gramos). Felizmente, González Iñárritu se peleó con Arriaga: se separaron. Y digo felizmente porque nació la esperanza de que, con un mejor guión, utilizaría su claro talento en algo mejor. Pero no. El rompimiento con Arriaga sólo desencadena cambios aparentes: González Iñárritu propone ahora una sola historia y un solo personaje, cronológicamente. La suma total sigue siendo la misma: si en sus anteriores películas distribuía las iniquidades en varias historias, aquí las concentra en una.

Seis: Por lo demás, Biutiful es una película impecable: toma por toma, es difícil reprocharle algo. Puesto que está construida por el sufrimiento de los personajes, es lógico que siga, de cerca, los rostros de sus actores. Javier Bardem, por ejemplo, pese a que nunca abandona esa mirada tristona del deprimido a tiempo completo, es el mayor atractivo de la película. Con menos matices, la coreógrafa argentina Maricel Álvarez (que aprendió el acento español para hacer este papel) logra un impresionante debut.

Siete: González Iñárritu no abandona todavía su aspiración a convertirse en el gran esteta del melodrama globalizado (idiomas, lugares y tragedias que conectan –por el azar y la violencia– la aldea global). En Biutiful, no se mueve de los barrios pobres de Barcelona, pero igual decide forzar las cosas: Uxbal es un español que habla de México y se cruza en el camino, cual Edipo veloz, con el inframundo de los inmigrantes ilegales africanos y chinos. En el fondo, sus películas siempre dicen lo mismo: “todos estamos conectados”. Y, si le creemos a esta película, lo estamos en un mundo bastante similar al que imaginaron los novelistas naturalistas del fines del siglo XIX: uno en el que es imposible hacer algo bien y bueno.

Ocho: Detrás de tanto tremendismo, destinado a darle a buenos actores la oportunidad de lucir sus habilidades, el cine a la manera de Biutiful comercia con ideas banales. La idea de “destino”, por ejemplo, que en esta película es una noción sentimental. Están ausentes de su consideración la inadvertida o pulsional complicidad de las víctimas, el absurdo, la silenciosa mecánica de los hechos fortuitos, o el humor. Como si González Iñárritu sospechara que un poquito de ambiguedad sería suficiente para derribar su castillo de naipes. Y con su final telenovelero, Biutiful finalmente nos convence de algo: es una película que quiere ser “profunda”, “seria”, pero lo único que logra transmitirnos es la pedante certeza que tienen sus realizadores de su propia seriedad.

Y medio: Entre las variedades del comentario cinematográfico, el “crítico” Daniel Hoag ha creado una de las más rápidas: su sitio web ofrece juicios sobre cine en la forma de haikús, esa breve estrofa japonesa compuesta de sólo tres versos. Por ejemplo, sobre Piratas del Caribe 4, escribe este mal haikú: “Los enemigos de Jack Sparrow: / muy poco que arriesgar y acción acartonada / Arrrrrg Abandonen el barco!”. Inspirado por Biutiful, compone este poema-reseña: “Opresivamente oscura. / Estas pobres criaturas no encuentran la belleza / y tampoco saben escribirla”.

Otro Aduviri salta a la gran pantalla con ‘Blackthorn’

Los primeros pasos de Luis Aduviri en el arte fueron sobre tablas de teatro, guiados por Freddy Chipana (actor del legendario Teatro de los Andes), con quien pasó talleres de actuación. Posteriormente, formó parte del grupo estable Alto Lima, que el mismo Chipana dirigía en el barrio homónimo.

Hay que decir que Luis es hermano menor de Juan Carlos Aduviri, el actor de También la lluvia que llegó a ser nominado a un premio Goya de actuación.

La participación de este otro Aduviri en Blackthorn se dio a través de Wendy Alcázar, directora de Casting de Pegaso (productora de Paolo Agazzi). “No tenía intención de ir, pues estas cosas suelen ser muy inciertas; te sacan varias fotos y luego debes esperar a que te llamen”, dice Aduviri.

Pese a sus dudas, los productores lograron convencerlo y Luis acudió a la cita, justo el día en que Mateo Gil, director de la película, se encontraba presente. El talento del actor alteño saltó a la vista en las improvisaciones de algunas escenas que Gil le pidió realizar. Al director le gustó tanto el desempeño de Luis, que su personaje, en inicio, sin mucha relevancia en la historia, quien ganó tiempo y protagonismo en la pantalla.

En Blackthorn, Aduviri interpreta, junto con el destacado actor Raúl Beltrán, a uno de los líderes de los mineros que persiguen a Butch Cassidy y su grupo de atracadores. Hay escenas “impresionantes”, como una larga secuencia de persecución ecuestre a través del Salar de Uyuni. “Yo no sabía cabalgar”, confiesa Luis, “pero tuvimos mucho entrenamiento de equitación”.

Su personaje no tiene nombre ni muchos parlamentos. En realidad, la película “hace mucho énfasis en las miradas, en los gestos, como en las clásicas películas de spaghetti western”, apunta Luis. Serían, según el actor, los mismos códigos y similar estética de Lo bueno, lo malo y lo feo.

Blackthorn, con Sam Shepard en el rol estelar, se estrena en España el lunes y en Bolivia el 28 de julio, según informó a La Razón el productor Paolo Agazzi.

Los niños del cine

Niños y adolescentes descubren la magia que existe detrás del cine, ya que desde hace cuatro días, un grupo de chicos comprendidos entre los 8 y 16 años se encuentra rodando un cortometraje. El cual tendrá su gran estreno esta noche en la Aecid, en el marco del IV Festival Infantil Audiovisual. Lo que es fuera de lo común en este rodaje es que las cámaras, las luces y los micrófonos se encuentran en manos de niños y adolescentes, quienes son los protagonistas.

DETRÁS DE LAS CÁMARAS. Fernando Foulques llegó a Santa Cruz de la mano de Fundav, institución que organiza el Festival Infantil Audiovisual desde hace cuatro años, su tarea fue enseñar a utilizar las cámaras, trípodes, luces, micrófonos, filtros y todo un arsenal de equipo el cual quedó en manos de los pequeños realizadores. Mientras unos actuaban, otros se encargaban de manipular las cámaras y los equipos de sonido, el resto presenciaba la escena y luego los roles se alternaban.

LA NOCHE ESPECIAL. El producto final se verá hoy a las 19.00, cuando los chicos del “ABC del Cine” estrenen su cortometraje, cuyo guión está basado en un cuento de Roberto Fontanarrosa. Para aquellos que quieran asistir la entrada es gratuita para todo público y queda en la calle Arenales # 583.

Transformers 3 con poca taquilla

Paramount Pictures anunció que Transformers 3 no recaudó la cifra prevista para su debut. El filme acumuló 37,3 millones de dólares en Estados Unidos, informó El Mercurio.

La reciente entrega de los robots no pudo superar a su antecesora The revenge of the fallen, con más de 55 millones.