Los invitados se contorneaban al son de las canciones de David Bowie e Iggy Pop, bebían champaña o “margaritas a la Paul” (McCartney).
Y las modelos posaban, bailaban, daban volteretas sobre sí mismas en los estrados instalados. “Esta colección está realmente basada en aquello que necesitamos en nuestros guardarropas, en aquello que nos ponemos por ‘glamour’ o para las actividades rutinarias”, explicó a la AFP la diseñadora británica de 44 años.
McCartney presenta una línea influida por los años 70 (largos vestidos fluidos ajustados a la cintura, blusas con pantalones rectos), combinaciones de diferentes estilos: calzados sobre suelas espesas de goma, camisetas blancas del tipo polo de tenis con rayas de colores en forma de V, chaquetas de lana grises de tejido grueso... todo matizado con impresiones con motivos de felinos: pantera tigre, gato salvaje.
Es una de las pocas veces en las que la hija de Paul McCartney presenta una colección fuera de París y Nueva York.
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