lunes, 5 de marzo de 2018

“La forma del agua”, historia de amor y amistad

“The Shape of Water” o “La Forma del agua” del cineasta Guillermo Toro fue motivo de análisis del crítico de cine Marco Antonio Barrón, quien destaca la historia de amor y amistad entre una mujer y un slan amazónico, mitad humano y mitad pez, el cual tiene facultades de sanación espiritual.

A continuación la crítica de Barrón:

Años sesenta, pleno Cold War, Elisa (Sally Hawkins) conserje en un laboratorio militar secreto que alberga, en reclusión, un slan amazónico mitad humano y mitad pez (Doug Jones), con facultades de sanación espiritual y físico, pero de cuyas cualidades nadie se percata, salvo Elisa, mujer solitaria, sensible, muda y marginal.

“La forma del agua” es tan sugerente que sirve de pretexto para cantidad de otros asuntos, algunos de los cuales enumeramos a continuación: una historia de amor en una Baltimore de ensueño (ciudad de segundo orden en USA), un despliegue de remembranzas de la cultura pop de la época, Carmen Miranda y su sombrero de frutas, Madeimoselle de París, Fred Astaire danzando con una niña (enternecedor) y su propio número de baile, que, suponemos, pasará a la historia, en lugar de privilegio.

Del Toro, con el expediente de una logradísima fotografía, predominantemente carmelita, interiores vintage, rasgos art decó, un tanto trasnochados y dan una sensación de relleno; se complace en crear una atmósfera melodramática; en contraste con la paranoica y maquiavélica década de los 60, insostenible y absurda cognitiva y socialmente, dando lugar al refrescante Movimiento Hippie.

Así, “La forma del agua”, puede ser también un homenaje de brillante factura a una época, más allá de la historia de amor, que, aunque un pelín forzada, no tanto en la relación entre una humana y un mutante, cuanto en la narración, faltando, en nuestra opinión, un par de secuencias para dejar en claro, cuando surge la amistad, cuando el amor, entre una conserje y un dios amazónico.

Por ahí va, igualmente, la mitificación del sur, cara a un latinoamericano cualquiera como Del Toro, gran admirador, notoriamente, del cine norteamericano de los primeros tres tercios del siglo pasado.

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