lunes, 3 de julio de 2017

"La Momia (2017)": queda mucho por hacer

Enterrada de forma segura en una cripta en las profundidades del implacable desierto, una antigua reina (Sofía Boutella de "Kingsman: Servicio Secreto" y "Star Trek: Más Allá") cuyo destino le fue arrebatado injustamente se despierta en nuestros días, trayendo consigo una malevolencia que ha crecido a lo largo de milenios y terrores que desafían la comprensión humana.

Desde las arenas panorámicas de Oriente Medio a través de laberintos ocultos debajo de la actual Londres, La Momia trae una sorprendente intensidad y equilibrio entre asombro y emoción, en una nueva toma imaginativa que marca el comienzo de un nuevo mundo de dioses y monstruos.

Los más jóvenes no la recordarán, pero en 1999 Stephen Sommers hizo la mejor versión de ´La Momia´, tirando de humor, romance, acción e influencias, homenajes y plagios del aventurero por excelencia, Indiana Jones.

Mucho ha llovido desde entonces, y el gran chaparrón de la Industria Palomitera del siglo XXI tiene nombre propio: Marvel Studios.

Suya es la ´culpa´ (pobrecillos), de alumbrar una fórmula de éxito que parece no tener fin, a la que los demás se están apuntando tirando de la nueva gallina de los huevos de oro: el Universo Extendido, Universo Compartido o Universo (rellenad lo que os plazca).

´La Momia´, es la primera piedra sobre la cual erigir un nuevo Mundo de Dioses y Monstruos, donde convivirán Drácula, Frankenstein, el Doctor Jekyll, el Hombre Invisible y demás bichos del nutrido imaginario monstruoso de la Major.

Si algo manifiesta la película de Alex Kurtzman, Tom Cruise y un millón de guionistas, es que las prisas no son buenas consejeras.

No ayudaron en nada a DC, que ha metido la gamba en tres películas y acertado (no de pleno) por fin en ´Wonder Woman´ tras hacer mil cambios, ni tampoco están beneficiando a Universal.

Primero fue la descafeinada ´Drácula: la leyenda jamás contada´, y ahora ´La Momia´, que intenta meter en 120 minutos un batiburrillo apresurado de ideas que, conceptualmente, dan para mucho más, con el único fin (legítimo, sin duda, pero no a cualquier precio) de arrancar cuanto antes y producir pelis como churros.

Hay motivos para la esperanza (con reservas) en la película: la excelente producción; su dinamismo que no para quieto; las pinceladas de lo que está por venir gracias a los estudios de la organización Prodigium; el gran Jekyll del señor Russell Crowe; la ambientación repleta de paisajes lúgubres; la (esta vez sí) estupenda banda sonora del habitualmente justito Brian Tyler y, en general, cumplir todas y cada una de las condiciones del Blockbuster veraniego.

Tanto las buenas… como las malas.

La absoluta sobreexposición de Tom Cruise (no solo acumula casi todos los minutos, sino que da más miedo que la propia Momia) que sigue siendo un currante dispuesto a que le vapuleen sin piedad para divertirnos, pero también chupa más cámara que balón Maradona, hace mucho daño a la película y sus pretensiones de franquicia.

No es que Cruise esté mejor o peor (para bien o para mal, sigue en su línea), sino que no para de estar, diluyendo todo lo demás y restando minutos a cimentar la piedra angular del Dark Universe: la organización Prodigium.

Si, además, a su lado tenemos a un montón de sosainas apenas dibujados (la pobre Annabelle Wallis queda relegada a interés romántico/cosificado topicazo/busto parlante) de los que solo se salvan Jake Johnson en modo chorra y el ya citado (y amo de la función) Crowe, la película se convierte en una oda al Cruisecentrismo.

Por supuesto, la más afectada es, paradójicamente, la protagonista del show.

Es innegable la presencia en pantalla de Sofia Boutella, pero su Momia (el mal absoluto y, se supone, imbatible) ladra pero no muerde, derrotada una y otra vez por medios terrenales (algunos, disponibles en Amazon), hasta su ridículo final.

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