domingo, 9 de abril de 2017

Uri y Josué ¡Qué bombonazos!


Ambos llevan esa barba crecida de varios días que dan realce a sus labios. Sus narices son perfectas o, más bien, ellos lo son. Miran y lo hacen con esos ojazos turquesa que podrían detener el tráfico sofocante de El Cristo a eso de las 12:00... Sonríen y sus dientes blanquísimos seducen... Arquean esas cejas gruesas, el complemento ideal para sus rostros tiernos y a la vez varoniles, que hacen de ellos las estrellas del momento en América. Uno es Sidney Sampaio (Josué) y el otro, Rafael Sardão (Uri). Ambos sacudieron Santa Cruz de la Sierra esta semana.


La productora Mediaworld los trajo a Bolivia para la exclusiva premier de Moisés y los 10 mandamientos: la película en Cinemark y allí atendieron a la prensa en medio de una alocada fanaticada. Aparecieron en varios programas de la televisora Unitel y en un momento acordado posaron para el lente de Julio González y hablaron con Sociales&Escenas.


De carne y hueso
No son divos. No tienen poses. Aceptan la selfi que cualquier extraño les pide. Y siempre sonríen. Cuando vieron una muchedumbre que los perseguía en el aeropuerto y en el cine, no podían creer que también en Bolivia deliraban por ellos. Aún no se la creen. Saben que son unas celebridades (de esas que se pasean en Hollywood), pero piden que no los llamen así. Piden que sus seguidoras los quieran por sus interpretaciones en la telenovela y no por una cara bonita o un cuerpo atlético (aunque eso sea casi imposible).


Sidney fue modelo en San Pablo (Brasil) durante cuatro años. Posó con poca ropa y lo volvería a hacer, pero debe ponerse en forma de nuevo. Rafael fue modelo publicitario. Ninguno descartaría un desnudo total (¡Guau!) y si se lo ofrecerían en Bolivia, lo harían sin pensarlo mil veces (¿te imaginás si eso sucediera?).


Pronto se enteraron de que Santa Cruz tiene la fama de tener las mujeres más bellas de Bolivia. Y se sorprendieron.


En esta realidad, Sidney tiene un hijo (Leonardo, de seis años) y Rafael acaba de casarse con Karen Motta; ambos están felices así, pero... en la otra vida, ¿les hubiera gustado enamorar con una cruceña? “¡Para qué esperar a la otra vida! ¡Mejor en esta!”, responde Sidney. Ríen.

Sus personajes
Sidney es el protagonista de Josué y la Tierra Prometida y coincidentemente todos sus grandes papeles estuvieron involucrados con la Biblia. Eso lo ha cambiado. No es hebreo, pero los respeta. No es un hombre religioso, pero la telenovela hizo que se acerque más a Dios. Y eso se refleja en una manilla con la estrella de Israel. La compró en Viru Viru porque le gustó y se la puso.


Algún día conocerá Tierra Santa. Por el momento le toca representar a Josué. No es sencillo, pero lo hace. Detrás de ese vestuario, es un hombre normal. Le gusta pasar el día con su hijo y es muy casero.

Rafael es Uri, el hijo del joyero del reino de Egipto. Debe estudiar muy bien los guiones para encarnarlo. Y lo más difícil fue dejar el acento de Río de Janeiro para no parecerse a un brasileño disfrazado de egipcio. En la vida real tiene una formación cristiana evangélica y es por eso que mantiene una relación afectiva por el pueblo.

En Bolivia
Los dos hablan español, pero de vez en cuando se les escapa el portugués. Les gustaría volver a esta tierra de 34° C. para vacacionar y conocer más de sus rincones. El que no quiso esperar fue Rafael. Tomó un avión y se metió con su esposa, Karen Motta, al desierto blanco de Uyuni. Ahí respiró tres días. La foto de ambos, haciendo locuras en el salar, se ve en su Instagram. Antes, en Santa Cruz, los dos bombonazos comieron churrasco en Los Hierros, pastas en Piegari y majao en La Casa del Camba. También probaron el cuñapé y la empanada de arroz.


Fueron curiosos. Dejaron por varias horas el hotel Radisson para recorrer algo de la ciudad. Pero, donde iban, eran abordados por sus fans. Algunas privilegiadas lograron robarles un beso en la mejilla y otras, una selfi. Jamás fueron reacios.


No han escuchado mucho del presidente Evo Morales y tampoco les interesa la política. “No tengo estómago para eso. Por ahí en una novela sería un político”, dice Rafael. “Hay muchos intereses en ese mundo”, agrega Sidney.


No creen en la cirugía plástica. Sidney solo se hizo trasplante capilar, pero ninguno se haría un retoque. No les incomoda las identidades de género. “Eso es la decisión de cada uno. Nadie debería preocuparse por eso”, dice Rafael. En un futuro Sidney volvería a la Medicina y Rafael no dejaría de actuar nunca



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