martes, 14 de febrero de 2017

Bahman Tavoosi pone sus ojos en Bolivia

Dejó Teherán hace 11 años y desde entonces no paró de viajar por el mundo. Pronto el destino lo trajo a Sudamérica y pisó suelo boliviano por primera vez en febrero de 2014. Pero Bahman Tavoosi no llegó con las manos vacías. Debajo del brazo carga (aún) un proyecto cinematográfico al que bautizó La flor que el sol marchita, su primer largometraje de ficción que será rodado íntegramente en Bolivia y cuyo trasfondo es la guerrilla que planeaba el mítico Che Guevara.

De Irán a Bolivia
Bahman sabe lo que quiere. Cuando habla sobre su película mueve todo su cuerpo de 1,80 m de altura y por ratos se rasca la barba que le delinea el rostro. Dice que si bien su película tendrá ese universo creado por el extinto Ernesto Che Guevara, no se concentrará en esto realmente. Tendrá como protagonistas a una madre y a un hijo cuyas acciones aún no serán reveladas hasta el momento de la promoción del filme de Tavoosi.


Es la tercera vez que el cineasta iraní, de 33 años, pisa Santa Cruz y, se quedará en la ciudad hasta que pueda darle curso a la película de 90 minutos. Por el momento sigue en búsqueda de los fondos para la filmación y asegura que le dará ‘rec’ a la cámara en abril de este año. De ahí pasarán 55 días y la posproducción también será en el país.


No se trata de una producción iraní, pues intervienen Canadá, EEUU y Bolivia, y su rodaje será en formato 4K. Se mostrarán escenarios de Santa Cruz y La Paz; el staff ya está elegido.


El filme también recordará los 50 años de la muerte del guerrillero y contará con esos actores que trabajaron en Che, del ganador del Óscar, Steven Soderbergh. No rodará netamente en La Higuera, pero sí en Vallegrande, tampoco quiere un Óscar, pero sí llevará su filme a varios festivales de cine.

Cine, política, democracia...

Bahman salió de Irán y se instaló en la fría ciudad canadiense de Montreal en 2006. Habla de que hay un interesante movimiento cinematográfico en la república islámica, pero que no le pareció quedarse en el gigante asiático.

Le fue difícil hacer entender a su entorno que a él no le interesaba hacer cine político, porque buscaba ‘otra cosa’. “Soy un ciudadano del mundo, no pertenezco a ningún país, afirma. Solo desea contar historias y dice que el público tendrá la libertad de ponerle ‘el mensaje final’ a su filme.

No calla cuando tiene que hablar sobre la presidencia de Hasán Rouhaní, pero aclara que no puede opinar mucho, porque las cosas en su país cambian cada cuatro años, y él ya no está desde hace 11. Cree que no todo lo que muestran los medios es ‘la verdad absoluta’, porque siempre habrá algo en las noticias que no tendrá ‘precisiones’.

En Irán era periodista. Su primer artículo fue sobre literatura y cine, lo escribió cuando apenas tenía 17 años. Trabajó para la BBC, la CBC (Canadá) y La voz de América (EEUU), pero después de estar sumergido entre papeles durante cuatro años, no estaba lleno por completo. Así llegó al cine, su pasión. Está soltero y enamorado del país. “Mi película es una gran novia boliviana”, culmina.

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