sábado, 7 de noviembre de 2015

No es porno, es la realidad

En la industria del contenido erótico para adultos ha cambiado todo y lo ha hecho este año. Que habrá, como mínimo, dos personas desnudas practicando sexo es lo único que permanece inalterable porque, en caso contrario, no se trataría de porno. Pero la forma y el fondo son otros: escenario, elementos, acto y efectos son novedosos para todos, no sólo los clientes. Las novedades comienzan en el rodaje; una suerte de carrera espacial hacia la realidad virtual que aumenta la ya de por sí exigente competencia entre productoras especializadas en la tecnología más puntera.

Es en un apartamento de varios pisos y moderno mobiliario en la localidad deSabadell, en Barcelona, donde se desarrolla el milagro del sexo auténtico. Conseguir verdad en la pornografía aplicada a la realidad virtual es más complicado de lo que cualquiera, incluso quienes la elaboran, se hubiera podido imaginar. "Para la mayoría de los actores es su primera vez grabando para una realidad aumentada", dice Todd Gliderque, en febrero de este año, lo experimentó en su propia carne o, más en concreto, en su cerebro, antes de decidirse a invertir al respecto. Es el director de la empresa norteamericana BaDoink, que hace tiempo decidió instalar en Barcelona su sede europea porque, sostiene Glider, "es una ciudad llena de talento".
"Me fui de viaje a Venecia con mi mujer hace poco y, en el viaje de vuelta, leyendo 'The Economist', me encontré con el nombre de mi empresa en un artículo que analizaba el advenimiento de la realidad virtual, ¡'The Economist'!, no me lo podía creer...», explica Glider a EL MUNDO. Durante una jornada completa, este periódico observó los entresijos de la revolución erótica del Tercer Milenio. "La realidad virtual apareció en la década de los 90. Ahora es otra cosa, aparentemente", describía en aquel momento el semanario británico.

Desde el pasado febrero, BaDoink trabaja a la carrera y ya son 20 los filmes que están disponibles en su web específica de realidad aumentada,www.badoinkvr.com. Hace un par de semanas lanzaron al público uno de los dos vídeos que se grabaron en presencia de un equipo de este diario, el que protagonizan la actriz argentina Blondie Fesser y el actor sueco Rob Diesel. Para ellos, éste también es un mundo desconocido, aunque cada vez menos.

"Está despuntando ahora, es algo totalmente diferente y, para el cliente, es mucho más real", detalla Fesser que, en 'Harley gets a tune-up' (La puesta a punto de Harley), interpreta a una mujer dominante hasta que aparece en el sótano donde está recluida el explosivo Rob Diesel, que la convierte en sumisa. "Mi primera vez fue hace un par de meses, cuando me llamó una productora que se dedica a esto para hacer un reemplazo. Me explicaron cómo era, ya que se trata de una manera de trabajar totalmente diferente a la que tenemos normalmente en los rodajes. La verdad es que es muy divertido", admite. Pero para los hombres no lo es tanto, o no como antes.
Una tecnología inmersiva

Pese a que la tecnología está orientada a los hombres, de los 20 vídeos realizados hasta ahora sólo 3 atienden a la mirada femenina, aunque las perspectivas de futuro no sólo atenderán a las mujeres sino también a homosexuales y transexuales. "La demanda es masculina", justifican desde el equipo de rodaje, que ni quiere dejarse ver en imágenes ni tampoco que se haga público su nombre;la mayoría tiene otros trabajos o bien prefiere que no se conozca públicamente que se dedica a la pornografía.
"Es más dífícil para los actores que para las actrices porque siempre se ofrece la visión del hombre. Las posturas no son fáciles y el actor no tiene mucha capacidad de movimiento", describe Glider que, este verano, decidió que la realidad virtual tenía que ser accesible para todos. Para conseguirlo, pusieron en marcha FreeVrGoogles.com, una iniciativa gracias a la cual todo aquel que quiera probar la realidad aumentada puede conseguirlo, siempre y cuando tenga un 'smartphone' y viva en los Estados Unidos. Sólo hay que registrarse y esperar que lleguen a casa las gafas de cartón en las que ensamblar el teléfono inteligente. Si todo se desarrolla como BaDoink espera, pronto habrá gafas también para todos los europeos.

"Ahora nos reímos de lo que nos prometían en los 90, pero es que era imposible conseguirlo entonces, no teníamos la tecnología, se necesitaba mayor potencial. Ni siquiera ahora tenemos toda la tecnología necesaria y las películas no son totalmente inmersivas pero, en dos años, lo serán", vaticina Glider. Para que un hombre sienta que hace el amor con una estrella porno cuando se coloca las gafas de realidad virtual, es necesario que la cámara se coloque sobre la cabeza del actor que practica sexo en la escena. De él sólo se verán los genitales, quizá las manos y, con suerte, el torso. Tiene prácticamente prohibido moverse porque la cámara forma casi parte de él.

Algo que, a actores como Diesel, que trabajan con el impulso, obliga a mantener a raya la espontaneidad. "Creo que es algo totalmente diferente, que despunta ahora y que para el cliente es mucho mejor", admite. Otros asumen que el trabajo será más difícil: "Grabar realidad virtual es mucho más complicado que grabar porno normal. Hay que estar atento a muchas más cosas, por lo pronto a la cámara en 3D que llevas encima, y también hay que intentar no tapar ángulos y no moverse hacia ciertas zonas, pero es más divertido porque es original y, además, hace ilusión", relataKevin Diamond que, hace cinco años, comenzó a hacer porno porque le "gustaba verlo y practicar sexo". "A rodar porno para realidad virtual comencé hace un par de años. Es muchísimo mejor a la hora de convertir al usuario en protagonista", sentencia.
La carrera hacia la realidad virtual
El rodaje es lento pero preciso. A partir de las 09.00 horas comienzan a llegar todos los integrantes del equipo. Imposible diferenciar quién se encarga de grabar y quién de actuar hasta que entra en juego la persona encargada del vestuario y el maquillaje; no sólo porque no se lleva escrito en la cara que uno es actriz o actor porno sino porque, aparentemente, no hay jerarquías en el grupo, sólo un objetivo común, que todo salga lo mejor posible.

"Las productoras que hacen realidad virtual nos tratan genial. No sólo el trato, también funciona bien la manera de grabar porque se trabaja pero hay muy buen rollo. Se nota en todo momento que son claros, que no quieren timarte", ahonda Blondie, quien también afirma que, para ella, rodar filmes de realidad virtual es "más fácil" que hacer porno normal. "Hay que mirar a un punto fijo, se parece a grabar en POV [cámara subjetiva], la cuestión es que para el actor es un poco incómodo quizá porque no puede moverse mucho; ellos sólo ponen el miembro y, como mucho, mueven las manos para agarrar pero no pueden ni hablar", detalla.

En la misma línea se expresa Julia Roca que, junto a Kevin Diamond, rodó la primera historia del día, una escena en la que, además de ellos dos, eran protagonistas la lencería, el dinero y el poder. Julia comenzó a hacer porno cuatro años atrás, luego lo dejó y más tarde, hace año y medio, decidió retomarlo. "No tiene nada que ver con un rodaje normal, el hombre tiene la cámara encima y hay que mantener ciertas distancias pero para la mujer hay más libertad. Pese a todo, se vuelve más frío, más irreal, precisamente para que para el cliente sea real e inmersivo. No puedes dar besos y se interactúa mucho menos con el actor. Lo que mola es verlo luego en 3D, tras la elaboración y el montaje", resume.

En cualquier rodaje hay varias cámaras pero en un rodaje de una película porno que se va a disfrutar a través de unas gafas de realidad virtual sólo hay una. "Por eso hay que ensayar mucho antes de comenzar a grabar, para intentar conseguir que, en una sola toma, se grabe todo". Es más, antes de grabar se realiza una intensa sesión de fotos que servirá, de un lado como ensayo y, de otro, para promocionar la película en la web y en las redes sociales.
El porno del futuro

Que las gafas de cartón de Google salen gratis [porque BaDoink provee] ya se ha dicho. Para acceder a los vídeos, las modalidades son varias. Un solo visionado cuesta un euro. Una suscripción mensual, unos 30 euros, una trimestral 60 y, un año completo de realidad pornográfica virtual, 100 euros aproximadamente. ¿Se ha acabado el porno tal y como se conoce?

Glider sostiene que así será, aunque no para su generación, sino para la siguiente, esto es, para aquellos que un día no demasiado lejano se dieron en llamar nativos digitales. "Aquellos que conocieron el porno en el siglo XX seguirán considerando que, de alguna manera, es inaceptable, porque nuestra generación tuvo que esforzarse para conseguirlo. Pero para quienes han crecido considerando el porno como algo normal, para ellos la realidad virtual es lo más", sostiene.

Mientras Glider teoriza sobre el futuro de la industria pornográfica, a su lado está la directora de contenidos de BaDoink, que acompañó a EL MUNDO en el rodaje y se encargó de que todos los detalles fuesen tal y como la compañía así lo había decidido. Cuando se le pregunta qué otras aplicaciones tiene la realidad virtual además de la pornografía y los videojuegos, el despliegue de su verbo es igual de prolijo: "Se emplea mucho en arquitectura, en educación, y tiene una aplicación muy interesante relacionada con la salud. Por ejemplo, ayuda a tratar las fobias, si alguien tiene miedo a volar se le puede ayudar mucho a través de la realidad virtual, estimulando una exposición controlada a lo que le da miedo".



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