miércoles, 24 de junio de 2015

40 años después ‘Tiburón’ enseña los dientes en la gran pantalla

La película Tiburón vuelve a hincarle el diente a la taquilla esta semana para conmemorar el 40 aniversario de su estreno en Estados Unidos el 20 de junio de 1975, una fecha clave para entender la estrategia actual veraniega de Hollywood y determinante para la carrera de Steven Spielberg.

La cinta sobre un gran tiburón blanco que amenaza a una apacible villa costera pervive en el imaginario colectivo tanto por sus escenas acuáticas como por la banda sonora de John Williams, que fue merecedora de uno de los tres Premios Oscar que se llevó el filme en 1976.

Tiburón reapareció con la mandíbula abierta en 500 salas de cine en EEUU de la mano de Tuner Classic Movies y Universal Pictures, el mismo estudio que hace cuatro décadas estuvo cerca de matar al escualo antes de que asomara su aleta dorsal en la gran pantalla.

Lo cierto es que, en origen, nadie imaginó que Tiburón se fuera a convertir en el éxito que fue. Se trataba de un proyecto menor para Universal Studios, que aquel año tenía sus esperanzas puestas en The Hindenburg, un largometraje sobre el histórico desastre del homónimo zeppelín alemán cuyo presupuesto cuadruplicaba al del tiburón, fijado en cerca de 4 millones de dólares.

Spielberg, que tenía 27 años, había dirigido solo un filme (The Sugarland Express), era desconocido en la industria y se sumó al proyecto de rebote.

Los productores Richard Zanuck y David Brown prefirieron a otro realizador, aunque el puesto quedó finalmente vacante por diferencias creativas.

Zanuck creyó en el talento del joven cineasta, según contaría años más tarde en el documental Jaws: The Inside Story (2010), al que protegió frente al estudio cuando las cosas se empezaron a torcer.

Tiburón era un proyecto oportunista basado en el “bestseller” del mismo nombre escrito por Peter Benchley, que en 1974 estaba causando furor en las librerías.

Urgía sacar la película cuanto antes para aprovechar el tirón literario, así que la prisa fue un factor desde el inicio.

Cuando Spielberg se puso al frente tomó la decisión de rodar en el océano -en la costa atlántica frente al pueblo Martha’s Vineyard, en Massachusetts- lo que supuso un desafío técnico que no imaginó.

Hasta entonces, Hollywood había evitado el mar abierto por ser un entorno a merced de elementos incontrolables.

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