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domingo, 28 de diciembre de 2014

12 películas fundamentales



No son necesariamente las mejores, ni las más importantes, ni las más populares; no se trata, por otra parte, ni de un ranking ni de un canon... Se trata simplemente de 12 películas fundamentales del cine boliviano.

Guillermo Mariaca Iturri y Mauricio Souza Crespo, responsables de este proyecto de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), coinciden por separado en la necesidad de no hablar de las “las 12 películas” sino de “12 películas”.

“Deliberadamente —dice Souza— se eliminó del nombre de este proyecto el artículo definido: no son ‘las’ 12 películas fundamentales, sino simplemente ‘12 películas fundamentales’ del cine boliviano, algo que, por donde se lo vea, es indiscutible”.

“La lista se hizo —continúa el crítico de cine y profesor de la Carrera de Literatura de la UMSA— convocando a un amplio grupo de realizadores, críticos, actores, académicos. Se les pidió que elaboraran una lista de ‘10 películas fundamentales’. Y resultaron 12 las elegidas porque fueron 12 las claramente más votadas. No hubo una gran diferencia de votos entre la película 8, 9, 10, 11 y 12; pero sí entre la 12 y la 13”.

Para Mariaca —que anteriormente dirigió el proceso para la elección de las 15 Novelas Bolivianas Fundamentales publicadas por el Ministerio de Culturas y Turismo y también profesor de la Carrera de Literatura— la eliminación del artículo “las” ilumina menor el carácter de esta selección. Dice: “Son 12 películas —como en su momento fueron 15 novelas fundamentales— que es necesario ver o leer como un punto de partida para que nos apropiemos de los proyectos de país que en estas expresiones de la modernidad, que son el cine y la novela, se han ido construyendo durante el siglo XX”.

Esta visión está asentada en una determinada comprensión del papel de las artes —entre ellas el cine y la literatura— en la sociedad. Mariaca dice al respecto: “Una de las limitaciones del proceso de modernización en Bolivia es que el ámbito simbólico o cultural ha estado ligado exclusivamente al Estado. El Estado ha sido el encargado no solo del diseño sino de la realización de los proyectos de país, no el ciudadano o el pueblo”.

“Hubo, por supuesto —matiza su argumentación—, momentos en los que el pueblo tomó la iniciativa. 1952, 1970, 1982 fueron momentos de rebeldía plebeya que, sin embargo, no alcanzaron a elaborar un proyecto de país consistente con esas rebeliones”.

En ese panorama, concluye, “los lugares donde se han registrado los horizontes populares son las artes. Las artes son el único lugar donde se puede poner en la balanza, en paralelo, el proyecto de país apropiado por el Estado y los horizontes populares elaborados, diseñados y deseados por el pueblo”.

De ahí, entre otros motivos, la necesidad de estudiar y, a la vez, enseñar el cine boliviano. De hecho, este proyecto es básicamente un proyecto de investigación y de educación.

“En la construcción de todo canon, que por definición es un ejercicio social —explica Souza—, los criterios son múltiples y, a veces, contradictorios. Estas 12 películas están ahí porque decenas de expertos las consideraron las mejores, las más influyentes, las más adecuadas para su enseñanza en colegios y universidades”.

Mariaca habla de los “proyectos de país” que estas películas de una u otra manera encarnan, lo que permite enfatizar que no se trata de una elección exclusivamente en función de su valores estéticos sino también de sus funciones simbólicas y, en este caso de manera explícita, de sus potenciales educativos.

Hay dos componentes del proyecto dirigidos especialmente a una finalidad educativa. Por una parte, se elaboró una malla curricular para una Carrera de Cine y Producción Audiovisual a ser creada en la UMSA, la primera en Bolivia. “Ya hay el compromiso público del rector de la UMSA, Waldo Albarracín, de darle todo su apoyo a la idea”, comenta Souza. El otro componente educativo es un diseño de materiales interactivos para la enseñanza de cine en secundaria.

Las películas bolivianas seleccionadas, para Mariaca, tienen un gran potencial educativo para los jóvenes que cursan ese ciclo. “No solo —explica— porque en estas películas se encuentran tanto la historia como los horizontes de país sino también porque, con algún esfuerzo, se podría poner en debate las películas con otros textos de otras disciplinas. Se podría hacer dialogar, por ejemplo, Yvy Maraey de Juan Carlos Valdivia con la novela Tirinea de Jesús Urzagasti y algún texto antropológico sobre los guaraníes. De esta manera, ¿cómo no va a cambiar la manera de aprender y la manera de enseñar?”.

A la pregunta “¿qué puede enseñar el cine boliviano a los estudiantes de secundaria?”, Souza no duda: “Mucho”. Y menciona dos beneficios.

“Casi todas las discusiones fundamentales sobre nuestra historia e identidad como país —dice— han tenido y siguen teniendo un lugar central en el cine boliviano. Esta selección de 12 películas permite, además, ver que esas discusiones tienen una historia. Es decir, que lo que Velasco Maidana, junto a Díaz Villamil, pensaba sobre nuestra identidad en Wara Wara (1930) no es lo que piensa el Sanjinés en Ukamau (1966) ni lo que Valdivia en Yvy Maraey (2013). Este acercamiento a nuestra historia y cultura es algo que el cine boliviano puede facilitar”.

“El otro beneficio educativo —continúa Souza— es incluso más importante: el diseño de materiales didácticos, que estuvo a cargo de Pamela Romano. Se entendió desde el principio que era necesaria además una educación audiovisual básica de los estudiantes. Es decir, se enseña con estos materiales no solo a ver cine boliviano sino a ver cine, en general. Y qué mejor que hacerlo con cine boliviano”.

El proyecto conducido por Mariaca y Souza también tiene una importante dimensión de investigación que se refleja en el libro, de casi 500 páginas, Cine boliviano. Historia, directores, películas La publicación tiene cuatro partes.

La primera es una historia que abarca cronológicamente desde el cine silente hasta 2013, a través de trabajos de los especialistas Pedro Susz, Alfonso Gumucio Dagron, Carlos Mesa Gisbert, Santiago Espinoza y Andrés Laguna. Es de conjunto y hasta ahora, la historia más abarcadora del cine boliviano.

La segunda parte el libro aborda las relaciones entre el cine, la crítica y la literatura con trabajos de Pedro Brusiloff, Alba María Paz Soldán y Antonio Gómez.

La tercera está integrada por trabajos monográficos sobre cada uno de los directores de la selección. “Los autores —informa Souza— son estudiantes de la Carrera de Literatura de la UMSA. No pocas de estas monografías son de lo mejor que se ha escrito sobre esos directores”.

Finalmente la cuarta parte es una muestra de las miradas al cine boliviano de investigadores extranjeros, que en algunos casos han sido traducidas especialmente para este libro.

“Hay muy poco de lo escrito y publicado sobre cine boliviano que sea deleznable —comenta Souza—. Es decir, es un arte que en Bolivia ha tenido suerte con sus historiadores y críticos. Algo que no se puede decir de otras artes en Bolivia. Una parte del libro producido como parte del proyecto está dedicada a la historia del cine boliviano: esta es la historia más completa que se ha publicado sobre nuestro cine”.

“El cine boliviano —finaliza Souza— es afortunado por la calidad de la producción crítica e histórica que lo ha acompañado, aunque esa producción sea reciente, es decir, de los últimos 40 años. Lo que es infrecuente son los estudios académicos, más monográficos, sobre directores y películas. Hay lo general, la base (las historias de Susz, Gumucio Dagron, Mesa, Espinoza, Laguna, etc.); hay crítica más bien periodística sobre no pocas películas bolivianas.

Pero lo que faltan son lecturas de largo aliento, análisis detallados de la obra de directores o monografías sobre películas específicas. Un ejemplo: uno de los autores extranjeros incluidos en el libro, David Wood, publicará pronto la que, estrictamente hablando, será la primera monografía-libro sobre el cine de Jorge Sanjinés. ¡La primera! Eso es lo que nos falta. Quizá una carrera del cine será también el espacio propicio, entre otras tareas y funciones, para la producción de ese tipo de textos sobre el cine boliviano.”

12 películas fundamentales

Película Año Director

Wara Wara 1930 J. M. Velasco

Vuelve Sebastiana 1953 G. Ruiz

Ukamau 1966 J. Sanjinés

Yawar Mallku 1969 J. Sanjinés

Chuquiago 1977 A. Eguino

Mi socio 1982 P. Agazzi

La nación clandestina 1989 J. Sanjinés

Cuestión de fe 1996 M. Loayza

Dependencia sexual 2003 R. Bellot

Lo más bonito... 2005 M. Boulocq

Zona Sur 2009 J.C. Valdivia

Yvy Maraey 2013 J.C. Valdivia

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