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miércoles, 23 de julio de 2014

Lo mejor de nuestras vidas


SINOPSIS

Xavier ya tiene cuarenta, y regresa de nuevo a la pantalla grande junto a Wendy (Kelly Reilly), Isabelle (Cécile de France) y Martine (Audrey Tautou), doce años después de Una casa de locos (2002), y nueve desde Las muñecas rusas (2005).

Xavier todavía no ha sentado cabeza, y más bien se le está complicando la vida. Tiene dos niños, y sus ansias de viajar le han llevado a Nueva York.

Trata de labrarse un lugar como hijo, padre, y hombre, perdido en el bullicioso caos de Chinatown. Separación, familias políticas, padres gays, inmigración, trabajo en negro, globalización: la vida de Xavier es como un rompecabezas chino. Pero aunque adolezca de cohesión y calma, como el propio Nueva York y la época en que vivimos, le proporciona una abundante fuente de material que escribir.

SOBRE EL FILME

Lo mejor de nuestras vidas, película francesa dirigida por Cedric Klapisch que se estrena mañana, es la tercera entrega de una trilogía cuyos dos capítulos anteriores se estrenaron con éxito.

La historia del protagonista Xavier (Romain Duris) comenzó en 2002 con un filme que se llamó Una casa de locos, y siguió luego en Las muñecas rusas (2005).

El tiempo ha pasado, pero las peripecias de Xavier continúan. En esta tercera película ya no es un estudiante universitario, sino un cuarentón con dos hijos. Su pareja (Audrey Tautou) se ve obligada a trasladarse a Nueva York por razones de trabajo, y él decide que debe acompañarla con los chicos. El ajuste a una nueva existencia no es fácil.

El director Klapisch explica sobre este filme: “Tiene una parte de puzzle, y una parte de enigma sin resolver. Es algo difícil de descifrar, un cubo de Rubik complicado”. No es difícil advertir, por otra parte, que ese rompecabezas es a su manera un complemento de las “muñecas rusas” de la entrega anterior de la saga, que sugiere también una serie de realidades que se ocultan unas dentro de otras.

“El hecho de que la vida no se guía por el sentido de la simplificación”, explica Klapisch. “Y hablo de la Vida con V mayúscula. Eso de que la vida va hacia cosas exponenciales, hacia cosas cada vez más sofisticadas y complejas. No creo que sea un problema sino sobre todo algo bueno: lo vivo se desarrolla bien porque tiende hacia la complejidad. En esencia, yo tenía una intuición, que luego he comprobado, y que en la vida de Xavier, este rompecabezas, es también lo que le empuja a encontrar una solución. Un motor que le permite alcanzar una cierta plenitud”.

En definitiva, explica el cineasta, su película tiene que ver con el acceso a la madurez y la asunción de responsabilidades. Su personaje podría quedarse en París, sin sus hijos. Sin embargo, como lo señala Klapisch, opta por vivir una vida que no le apetece especialmente.

Klapisch reconoce que hay algo de simbólico en que su personaje busque una nueva vida en los Estados Unidos. La crisis europea ha golpeado a mucha gente, y el cineasta es más pesimista que antes con respecto al futuro del llamado Viejo Continente.

Cuando hace una década larga inventó a su personaje Xavier en Una casa de locos, dice, existía una especie de esperanza, de apertura. Entonces se decía “todos somos hermanos”. Hoy no es así.

“Es algo que sucede con los antagonismos entre españoles y catalanes, entre valones y flamencos, entre griegos y alemanes, entre países ricos y países pobres”, explica. “Lo que ahora se dice es: que cada uno se ocupe de su propia basura”.

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