lunes, 14 de octubre de 2013

Yvy Maraey guarda los secretos de los guaranÍes

Ivo fue el lugar escogido para el estreno de Ivy Maraey, porque se encuentra a menos de cinco kilómetros de las trincheras, donde más de seis mil guaraníes murieron en una masacre y donde aún reposan restos de cráneos, costillas, fémures y otras piezas óseas de aquellos guerreros que se sacrificaron en defensa de su territorio y de sus hermanos.

Tras cinco horas de viaje por un camino serpenteante de ardiente asfalto, y rodeado de cadavéricos algarrobos y quebrachos, y media hora adentrándose por un terreno arenoso, se llega a esta población, que el sábado se vistió de fiesta, para ver aquella película que prometió hacer justicia con su cultura. La cita fue fijada al anochecer y tras que cayó la noche, los karais (hombres blancos) comenzaron el montaje de los equipos que permitirían proyectar la cinta que se resistió a revelar el secreto de la tierra sin mal en Santa Cruz de la Sierra.

Sin embargo, nada podría proceder si los ancestros y Tumpa no lo quisiesen. Estaba totalmente oscuro, grandes nubarrones tapaban la Luna en cuarto creciente y solo poderosos relámpagos iluminaban aquella noche. A diez minutos de aquel ajetreo, en medio de un descampado, se encendió una fogata y alrededor de las llamas, algunas personas hablaban en guaraní. El ritual había comenzado. Varios urubichás, actores y el director de la película, Juan Carlos Valdivia, conversaron con los guerreros caídos y agradecieron su apoyo mientras hacían circular una botella de singani y una bolsa con coca, como si se tratara de la pipa de la paz.

“Gracias a nuestros ancestros que murieron en Kuruyuki hoy estamos vivos, ellos ofrendaron su vida para que los demás puedan escapar. Pido que nos infundan su valor y que nos limpien de rencor contra nuestros ocasionales opresores, para que nos demos la mano y así caminemos juntos hacia la tierra sin mal", fue la plegaria de Felipe Román, un reconocido investigador guaraní que interpreta a un ipaye (chamán) en la obra de Valdivia.

“Si los guaraníes hemos sobrevivido por mas de 500 años y a esa masacre, no moriremos jamás. Los herederos debemos luchar por seguir vivos", entonó Moisés Aparicio, de Ñancaroinza. También estuvo presente el Capitán de Ivo, Aníbar Sánchez que, a nombre de toda su comunidad, abrió sus puertas al estreno cinematográfico.

El ritual

Solo el fuego iluminaba los rostros de los participantes de aquella ceremonia, que a su turno dirigieron algunas palabras y ofrendaron hojas de coca y alcohol destilado hacia el fuego.

El coprotagonista Elio Ortiz cerró la corta celebración recordando el cumplimiento de la promesa que realizó la producción de la película, que tomó algunos huesos recuperados de las trincheras como señal de buena suerte, con el compromiso de regresarlos al concluir el rodaje. Así fue: los restos viajaron por Santa Cruz, Chuquisaca y La Paz y finalmente regresaron a descansar a su tierra.

Un chorro de alcohol encendió una potente llama que terminó de consumir las delgadas ramas que alimentaron la fogata. El silencio y la oscuridad regresaron a aquel monte y a los pocos minutos se escuchó el sonido de los motores de los vehículos de la caravana que regresó rumbo a la plaza principal de Ivo.

Rodaban las 19:00, y el movimiento era inusual en aquel pueblo silencioso, donde habitan 80 familias en un terreno de 14.000 hectáreas que no son urbanizadas, sino que cuentan con un título colectivo de acuerdo a lo establecido en la Constitución Política del Estado.

En la plaza principal, y con ayuda de cuatro tenues luminarias públicas, el equipo de Cinenómada trabajaba en el armado de la pantalla inflable de 6 x 11 metros y de los parlantes que reproducirían el filme hablado en lengua guaraní. El enorme globo, de más de 14 metros, requirió el apoyo de los pobladores, que se ofrecieron risueños a sostener cuerdas y ayudar con el cableado, con tal, se sentían parte de la película.

La gente continuaba llegando, procedente de diferentes comunidades de la zona como Yapi, Ipati, Guari, Ivoka, La Represa, Ivoviranty y Kuruyuki y de Camiri, acarreando a familias completas.

En medio del canchón y durante la espera, que fue de cuatro horas, hubo peleas ocasionales de perros huesudos y de todos los colores, y niños que corrían y jugaban a saltar un elástico para pasar el tiempo.

Entre el gentío, de aproximadamente 200 personas, destacaba Felipe Román que había rescatado su traje de ipaye para verse por primera vez en una pantalla tan grande.

La amenaza de lluvia era la peor enemiga, al igual que los vientos de sur, que obligaron a sacar ponchos y colchas atigradas para protegerse.

El movimiento se apagaba con el paso de las horas. Los niños ya no correteaban y reposaban en los brazos de sus padres.

Finalmente, a las 23:00, Juan Carlos Valdivia tomó el micrófono y rompió el silencio. Tratando de disimular su frustración, informó de que el daño de un cable no permitiría que se realice la proyección. "No quiero perder el positivismo. Pido disculpas y los invito a ver la película mañana en Camiri", dijo el cineasta. "Fue un maldito cable, carajo", no se contuvo.

Una vez más aquellas revelaciones de los guaraníes continuarían siendo un misterio.

La respuesta fue sorprendente entre el público, pues si bien algunos bajaron la mirada decepcionados, otros expresaron su solidaridad con aquel karai que había demostrado tanto cariño por su pueblo, y lo aplaudieron.

El ipaye de la película estaba rendido, Román se dio la vuelta y en la oscuridad se perdió su traje blanco con motivos guaraníes y el adorno con plumas de su cabeza.

Mientras tanto, al frente en la unidad educativa 25 de Mayo, la fiesta del sombrero chaqueño transcurría indiferente. Grupos con bombos, violines y guitarras hacían bailar a los asistentes que de rato en rato se animaban a bailar y a saltar en sus botas.

Algunos de los que estaban en la proyección de enfrente se sumaron a la fiesta, entre ellos Valdivia y su coprotagonista, que comentaron sobre el tercer intento fallido de estrenar la película (los anteriores en Cine Center y en la Casa de la Cultura), que fueron tan accidentados como el rodaje, que incluso dividió a los pobladores más cerrados.

¿Será que los guerreros de Kuruyuki no quieren revelar su secreto? Camiri tampoco pudo saberlo. Una vez más, el destino le jugó una mala pasada a la producción

Yvy Maraey

En detalle

1 Juan Carlos Valdivia escribió, dirigió y protagonizó la película que retrata el alma del pueblo guaraní. La fotografía estuvo a cargo de Paul de Lumen.

2 40 personas, que no tenían experiencia en la actuación, participaron del filme que fue rodado en guaraní y en español.

3 La música fue creada por el director de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos, Cergio Prudencio. Juan Pablo Di Bitonto se encargó del montaje.

4 El público podrá disfrutar de la esperada cinta en las salas del CBA, Cine Bella Vista y Cine Center , a partir del jueves 18.


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