martes, 26 de febrero de 2013

Woody Allen, único

Lo reconozco, tengo una debilidad. Es escuchar la inconfundible música de los créditos iniciales de sus películas y experimentar esa sensación punzante en el pecho: la flecha del amor que te atraviesa como la primera vez.

Siempre la misma sobriedad en la tipografía, blanca sobre fondo negro, unos créditos premeditadamente largos para hacer de la espera no un momento de tedio, sino un verdadero placer porque uno sabe que esos minutos, esos deliciosos minutos, provocan en el espectador la certeza de no ser sino el preludio de que algo bueno, inolvidable diría yo, va a suceder a continuación.

Y entonces los créditos desvelan el misterio para los que aún no lo hubiesen adivinado: escrita y dirigida por Woody Allen.

reflexivo y singular

El cine de Allen es una reflexión sobre el cine en sí mismo desde una perspectiva de la problemática humana, en ocasiones abordada a través del humor más hilarante y en otras a través de diálogos que no sólo quedan en la memoria, sino que expresan una faceta del ser humano que otras cinematografías ocultan con el objetivo de no incomodar al espectador.

Allen tiene la habilidad de llevar a cabo esta tarea de disección del alma humana que puede resultar ardua y difícil de digerir sin por ello evitar que de nuestra boca escapen, en los mejores casos, estruendosas carcajadas.

hito cinematográfico

Annie Hall supone un punto y aparte en su extensa filmografía, ya que se acerca al cine dramático que Allen siempre había admirado sin que por ello desaparezca la chispa que brilla en sus magníficas e hilarantes primeras comedias inspiradas en el humor absurdo de Chaplin, Buster Keaton, los hermanos Marx o Harold Lloyd, tales como Take the money and run (1969) o Sleeper (1973).

En 1979 se estrenó Manhattan, que recupera el tono de Annie Hall y logra convertirse por méritos propios (únicamente sus créditos iniciales son una verdadera obra de arte) en uno de los hitos cinematográficos de la historia.

época dorada

Las dos décadas que siguen al estreno de sus mayores obras de arte están protagonizadas por filmes que juegan al despiste entre el drama y la comedia.

Películas inolvidables como The purple rose of Cairo (1985) o Hannah and her sisters hacen de los últimos años de la década de los 80 una nueva época dorada en la filmografía alleniana, que continúa produciendo películas de gran calidad hasta comienzos de los 2000.

tragedia

Con el estreno de Anything else (2003) se presagia la tragedia: además del enorme error de casting que puso al frente del filme a Jason Biggs, el cine de Woody Allen, con las excepciones de Melinda and Melinda (2004) y Match Point (2005) –aunque en este último caso tenga mis reservas–, se convierte en un cine insulso y que carece de la calidad propia de su artífice.

profundo y ligero

El cine de Allen se caracteriza por ser un cine profundo y a la vez ligero, pero sobre todo por ser un cine capaz de mantener su sello de identidad inconfundible sin caer jamás en la repetición.

Así que, a pesar de que los últimos diez años de su carrera han sido un intento en vano por permanecer fiel a su estilo y ofrecernos la maravillosa cita anual a la que nos tenía acostumbrados, el cine de Woody Allen supera con creces en cuanto a guión y realización a gran parte de las películas que cada año se estrenan procedentes de los Estados Unidos. (Extracine)

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