domingo, 10 de febrero de 2013

Un cinéfilo comparte sus recuerdos “Antes, el cine era como un buen libro”

drián Mendoza, de 83 años, habla de su paso por el Cine Teatro 16 de Julio como administrador.

El día de la inauguración del Cine Teatro 16 de Julio, a la que se invitó al presidente René Barrientos, uno de sus guardias de seguridad subió al entretecho para tener una mejor vista de lo que pasaba alrededor. De pronto, en plena función, aparecieron dos piernas colgando del techo; el hombre había resbalado. “Esto, al principio, causó pánico en los asistentes y luego risa”, recuerda Adrián Mendoza Nogales, quien rememora algunas de sus anécdotas siendo exadministrador del cinema, que a finales de 2011 dejó de proyectar películas.

el cine de antes. Don Adrián, quien en marzo cumplirá 83 años, 25 de ellos los dedicó a la administración del Cine 16 de Julio, es oriundo de Telamayu, Potosí. Recuerda que de niño trabajó en la mina junto a su padre. Este maestro, jubilado del colegio Don Bosco, rememora esos años de servicio, mientras hojea un álbum con recortes de periódicos de la década del 70.
Compara las películas de antes con las actuales, las que, a decir suyo, “son vacías. Antes, el argumento tenía un mensaje social. Ahora, está enfocado más a la tecnología, a sus efectos, y no a lo que se quiere decir a la gente”.
La administración del cine era dura. El escoger una película para su difusión era “una tarea sumamente delicada”, comenta.

Tres enamorados. Mendoza afirma que el Cine 16 de Julio “tuvo una cierta superioridad ante los demás cines”, porque en pocos años se ganó el prestigio y reconocimiento de varios cinéfilos, tres de ellos los llamados “enamorados del cine: Carlos Mesa, quien fundó el Cine Arte UMSA; Pedro Susz, y Luis Espinal, quien apoyaba la iniciativa desde su periódico (Aquí)”.
Estos tres personajes iniciaron en estos ambientes el cine debate y el Cine Club Juvenil.
A Mendoza se le nublan los ojos de tantos recuerdos y de inmediato habla de su mentor y amigo Renzo Cotta, un sacerdote italiano, alto y “amable”, quien dio vida al cine, aunque el cáncer le quitó la vida. “Debo reconocer que lo añoro mucho”, dice.
Don Adrián participó en los 70 en la organización de los festivales Llama de Plata, Amalia de Gallardo, Cóndor de Plata y Renzo Cotta. El maestro jubilado, escudriñando en su memoria, comenta que la sala 16 de Julio dio cabida a la proyección y estreno de películas bolivianas como Yawar Mallku, Chuquiago, Amargo mar, Tinku y Mi socio.
“La memoria ya no es la de antes”, dice Mendoza, al momento de tomar una pastilla verde con un vaso con agua. “Cómo no recordar el volteo de taquilla por la proyección de Chuquiago, con 129.000 espectadores en seis semanas”.
Cuando no había butacas, explica, se habilitaban sillas de madera en el mezzanine o en las gradas de platea. “Por qué privar a la gente de ver esa joya”, dice.
“El cine es como un libro de imágenes móviles que debe ser criticado, debe ser analizado”, sentencia este hombre octogenario que aún camina erguido por El Prado, donde a cada paso recibe saludos de exalumnos o de quienes se sentaron en esas sillas de madera u ocuparon un lugar en las gradas de la sala en aquella función de Chuquiago u otra maravilla cinematográfica.

Cine debate y cuatro festivales fueron parte de la cultura cinematográfica en la paz. uno de sus impulsores fue presidente de bolivia; otro, mártir de la dictadura, y un tercero, autoridad edil.

“El cine es como un libro de imágenes móviles que debe ser criticado, debe ser analizado. Veo que ahora no hay eso. Creo que hubo alguna intención, pero no más”.

Adrián Mendoza / Exadministrador Cine 16 de Julio

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