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viernes, 21 de diciembre de 2012

Icono del parque Roosevelt El microcine mudo continúa vigente

Dionisio Tancara es un yungueño que se dedica al negocio de la proyección casera de los cortometrajes.

Pequeñas historias para pequeños espectadores. El thriller de filmes como de La bella durmiente, Los tres cerditos, Blanca nieves y Los siete enanitos, y Tom y Jerry es lo que ofrece Dionisio Tancara Titirico, quien desde hace más de cuatro décadas se dedica al “microcine”, un negocio que para él fue su principal ingreso económico.
Este yungueño, desde 1975 instaló su puesto de proyectora casera en ferias y parques. En la actualidad cada fin de semana se acomoda en inmediaciones del Parque Roosevelt, donde existen siete similares negocios, de ellos cinco son de la familia Tancara. Cada una de las historias dura tres minutos y vale tres bolivianos.
Dionisio, quien nació en Coroico, Provincia Nor Yungas de La Paz, rememora que todo inició cuando un día se encontró botado a orillas del Río Choqueyapu, el negativo de la cinta El llanero solitario. “Tenía 18 años cuando migré junto a mis papás y mis hermanos a la ciudad de La Paz. Como hijo mayor tenía que trabajar y comencé como ayudante en construcciones y ojalatero, en una tienda. Un día, cuando retornaba a casa me, encontré el negativo de una cinta de El llanero solitario. Estaba botada a orillas del Río Choqueyapu y así fue que nació la idea de crear algo que pueda proyectar estos negativos”.
Tancara, a partir de ese momento, comenzó a coleccionar los fotogramas (película fotográfica), unos 20 en total. “Reuní estas piezas y me ingenié para colocar en una caja de lata y luego cambiar las películas manualmente. Después de un tiempo hice una máquina que a partir de un pedal se podía correr los fotogramas”.
Para ese entonces, cuenta Tancara, que el ingreso al cine eran caro y lo que él ofrecía, películas sin sonido y caseras, era barato y novedoso, tanto que “enloquecía a sus amigos y vecinos”, porque sólo cobraba 20 centavos por ver una historia.
Una vez que aparecieron las salas de cine, los únicos interesados fueron los niños “creo que por curiosidad nada más”, dice el yungueño, por ello uno de sus tres hijos y dos nietas también se dedican a este negocio.
Tancara comenta que se quedó viudo hace tiempo y también enterró a dos de sus tres hijos. Pero Hilario, de 35 años, es quien aún lo acompaña.
Él, al igual que su padre, también optó por instalar un puesto y después le siguieron sus dos hijas. “Él (Hilario) ya tiene su familia, pero es nuestro negocio lo que nos une”, dice Dionisio.
Cine de antaño. Cada una de las cintas que tiene Dionisio en un momento fue exhibida en salas de cine y luego desechadas por el mal estado. Para Tancara es un negocio que mantuvo económicamente a su familia durante años. “Ahora ya no existen estas películas en rollo, fueron reemplazadas por la tecnología. Hay algunas en El Alto, cuestan 15 bolivianos, pero son escasas, por eso sólo salimos los fines de semana”.
Silvia Martínez, quien trae a su hijo de cinco años a ver a Tom y Jerry y que tuvo a su padre que también la traía a ver los cortometrajes, afirma que “hace años que existe este negocio, muy aparte de ser una distracción, es una muestra gráfica de la historia del cine y cómo se proyectaban las primeras películas”.
A pesar de su edad avanzada, Dionisio asegura que continuará con este oficio que fue el sostén de su familia y abre la posibilidad de agregar audio a los cortometrajes, como una forma de mantener aún su fuente de trabajo, ante la gran competencia de las salas de cine.

69 años de edad tiene Dionisio Tancara Titirico, que permanece en el parque desde hace 37 años.

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