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domingo, 25 de noviembre de 2012

Argo El proyecto más ambicioso de Ben Affleck está basado en la toma de rehenes americanos en Irán en 1980



En algún momento de su ya dilatada carrera como actor —cuyos primeros escarceos se remontan a inicios de los 80 del siglo pasado—, Ben Affleck habrá echado cuentas advirtiendo que el asunto no tenía demasiado futuro, según le hacían saber de manera persistente los vapuleos críticos a sus limitadas condiciones histriónicas. Decidió entonces probar fortuna del otro lado de la cámara. Le fue mejor, mucho mejor. Sus dos largos anteriores: Desapareció una noche (2007) y Atracción peligrosa (2010) dieron cuenta del pulso muy firme de un director dotado para abordar, yendo al grano, historias de acción y suspenso despojadas de distracciones o circunloquios, con la densidad dramática requerida para mantener en vilo de principio a fin al respetable, extremando las posibilidades del relato cinematográfico sin necesidad de atiborrar esas narraciones de los efectos pirotécnicos en boga.

Argo, su tercer emprendimiento, es por varios motivos su proyecto más ambicioso, especialmente debido a que está inspirado en un episodio político real ocurrido en 1980, cuyos entretelones celosamente guardados en secreto por razones de Estado, recién se conocieron casi dos décadas más tarde.1980. Aquel año, la potencia del norte se encontró metida en uno de los varios berenjenales a los cuales la condujo su autoasumido papel mesiánico de sheriff universal encargado de poner orden en todos los rincones del orbe, so pretexto de salvaguardar la democracia y el respeto a los derechos humanos. Aunque, en el fondo, aquellas frecuentes aventuras en lejanos territorios respondían, en realidad, al mucho más prosaico resguardo de sus propios intereses geopolíticos y, en especial, de los de las empresas norteamericanas.

Así lo apunta, por otra parte, el prólogo de la película, una suerte de inusual mea culpa, en el que se resume con transparencia la historia iraní de 1951 en adelante. Aquel año, Mohamed Mossadegh asumió el cargo de primer ministro. Una de sus primeras medidas fue la nacionalización del petróleo, lo cual redundó a corto plazo en una sustancial mejora de la calidad de vida de la población. Apremiado por los gobiernos británico y norteamericano, el Sha intentó cambiar al entonces ya ampliamente popular Mossadegh por una figura menos conspicua y radical, tropezando con una masiva resistencia. Finalmente, en 1953, la CIA organizó un sangriento golpe logrando derrocar al primer ministro, más tarde juzgado por “traición” y condenado a tres años de confinamiento y arresto domiciliario de por vida.

El Sha instaló de inmediato una férrea dictadura monárquica, sostenida por una tenebrosa policía política que torturó y asesinó a miles de iraníes, mientras el opulento despilfarro del régimen y las enormes ganancias de las petroleras chocaban con la pobreza extrema del grueso de la población. En 1979, la rebelión fundamentalista encabezada por el ayatollah Khomeini consiguió voltear al déspota, quien se refugió en los Estados Unidos. Este país, en pago a la fidelidad del refugiado, negó todos los pedidos de extradición para que fuese juzgado en su país, atizando así un antinorteamericanismo que acabó en la toma violenta de la Embajada de Estados Unidos. Casi medio centenar de funcionarios quedaron en calidad de rehenes por los siguientes dos años. Sin embargo, seis funcionarios consiguieron escapar en medio del tumulto, refugiándose en la residencia del embajador canadiense.TRAMA. Expuestos esos antecedentes, la trama se aboca a detallar las estrategias imaginadas por la CIA para rescatar a los refugiados, terminando en el operativo imaginado por el agente Méndez, especialista en “extracciones”. Este último tuvo la disparatada ocurrencia de montar el falso rodaje de una película de ciencia ficción estilo La guerra de las galaxias titulada justamente Argo.

Pretextando la búsqueda de locaciones en varios países del Medio Oriente, Méndez acabó desembarcando en Irán donde consiguió persuadir a las autoridades de que los funcionarios eran en realidad miembros del equipo canadiense de rodaje. Así logró embarcarlos, en medio de innumerables peripecias, que no viene al caso pormenorizar, en un vuelo de regreso a su país.

Reiterando su solvencia narrativa, Affleck arma otra vez una tensa intriga de gran ritmo y eficaz manejo de los tiempos. Combina varios géneros, incluido el humor, del cual hacen gala especialmente el productor y el director de la película fantasma disparando apostillas irreverentes a propósito de todo, pero especialmente de los mecanismos del poder en Hollywood, en la Casa Blanca y adyacentes, dos ambientes paralelos en los cuales la impostura es el sello prevaleciente.

Pero esa vena irónica no alcanza para poner la película a buen recaudo de los excesos patrioteros de los cuales da la impresión en principio de cuidarse. En última instancia, el suspenso termina pivoteando sobre el contraste entre la astucia de Méndez y sus colegas frente a la torpeza de los furibundos iraníes cuya personificación acaba recalando en los estereotipos usuales cada vez que el cine del norte sale de viaje más allá de sus fronteras. De tal suerte, el empaque, ideo-lógico digamos, de la trama acaba en las antípodas de la objetividad del prólogo.

Era muy difícil encontrar mayor equilibrio debido a los condicionamientos impuestos por el género elegido para abordar ese episodio. No obstante, abundan los aciertos cinematográficos en el tramado de un relato que para el grueso de los espectadores termina siendo una atrapante película de acción. En cambio, las referencias a la realidad, a lo político, a las consecuencias de la geopolítica norteamericana terminan siendo tan vaporosas como las propias argucias montadas en la falsa producción que sirve de cubierta al operativo de rescate de los seis funcionarios fugados de la legación diplomática.

En cierto momento de la trama, uno de los personajes menciona la frase de Marx —al cual otro de los personajes confunde con Groucho—, según la cual la historia siempre ocurre dos veces: una como drama y la repetición como farsa. Argo es la versión farsesca de un drama inconcluso cuyos ecos dramáticos siguen figurando a diario en las noticias de prensa.

Ficha técnica

Título original: Argo. Dirección: Ben Affleck. Guion: Chris Terrio sobre “Escape from Tehran” de Joshuah Bearman. Fotografía: Rodrigo Prieto. Montaje: William Goldenberg. Diseño: Sharon Seymour. Arte: Peter Borck, Deniz Göktürk. Efectos: Roland Blancaflor, Ryan Andersen. Maquillaje: Aurora Bergere, Cheryl Ann Nick, Deborah Rutherford.

Música: Alexandre Desplat. Producción: Ben Affleck, Chris Brigham, Chay Carter, George Clooney, Tim Headington, Grant Heslov, Graham King, David Klawans, Alex Sutherland, Nina Wolarsky. Intérpretes: Ben Affleck, Bryan Cranston, Alan Arkin, John Goodman, Victor Garber, Tate Donovan, Clea DuVall, Scoot McNairy USA/2012.


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