sábado, 28 de julio de 2012

Jorge Ruiz. Un cineasta extraordinario

No es exageración decir que Jorge Ruiz es la historia del cine boliviano. El hombre que abrazó este arte desde la adolescencia estuvo presente en la transición del cine mudo al sonoro, acompañó el nacimiento del color y fue precursor en documentar la realidad nacional, desde una visión muy humana y con los escasos recursos que tenía a su alcance.
Todos los que tuvieron el privilegio de trabajar con él o haberlo conocido de cerca, coinciden en que Jorge Ruiz fue dueño de una mente y espíritu extraordinarios y que, a pesar de su partida, queda su extensa obra fílmica como un testimonio de su grandiosa labor.
Su inmensa obra, que incluye más de 130 títulos de películas y alrededor de 70 videos, tiene como ingrediente principal esa mirada fruto de una sensibilidad particular, la marca indeleble de un gran cineasta. Gracias a ello fueron posibles joyas de la cinematografía nacional como Vuelve Sebastiana (1953). El filme es una aproximación antropológica al mundo de los chipayas y sus conflictivas relaciones con los aimaras. Se trata de la obra más aclamada de Ruiz (fue la primera película boliviana que obtuvo un premio internacional, el Sodre de Montevideo), una notable afirmación de fe en la comunidad india de Bolivia y un descubrimiento poético y de gran calidad de imagen sobre un mundo hasta entonces desconocido por los bolivianos.
Vuelve Sebastiana se convirtió además en un filme imprescindible para el cine indigenista que más tarde propuso otro grande del cine boliviano, Jorge Sanjinés, que, a partir de Ukamau (1966), buscó una voz propia en el contexto cultural e hizo eco más allá de nuestras fronteras.
Pero la travesía de Ruiz había comenzado mucho antes de la cinta producida por Bolivia Films. En 1947 efectuó un viaje a Beni con su cámara y un equipo reducido que lo ayudó a concretar un proyecto denominado Viaje al Beni, el cual se constituyó en su primera película. Desde entonces, el documentalismo se convirtió en su marca y se dedicó a consolidar una carrera prestigiosa gracias a títulos como Un poquito de diversificación económica (1955), constancia de la promoción gubernamental del desarrollo en el oriente, realizada juntamente con Gonzalo Sánchez de Lozada, y La vertiente (1958), un largometraje destinado a promover la educación sanitaria en el trópico, que llegaría a países tan lejanos como China o Rusia.
Este filme representa también esa maestría del cineasta para combinar el género documental a partir de una historia de ficción, algo que se convirtió en una constante en su trabajo de las décadas de los 50 y 60. Un ejemplo de esa capacidad es también Mina Alaska (1968), un recorrido desde los Andes al Amazonas y una historia que narra la búsqueda de una mina perdida que una joven extranjera viene a buscar al país. El filme fue estrenado recién en 1997 en Bolivia, tras recuperarse parte de las cintas originales perdidas en Estados Unidos.
Aquel extravío se dio en tiempos en que Ruiz comenzaba a producir en distintos países, como Nicaragua, Ecuador, Perú y Chile, acompañado por su guionista, Luis Ramiro Beltrán y al mismo tiempo en que lograba reconocimientos en España, Italia, Escocia, Checoslovaquia, Alemania y EEUU.
Sin embargo, a pesar de todos los pergaminos recogidos en más de medio siglo de carrera, siempre conservó la modestia y el perfil bajo, lo cual, tal vez, fue contraproducente al momento de revisar su obra, debido a que nunca se preocupó por coleccionar fotos, guiones, o recortes de prensa.
Para un hombre que produjo y dirigió absolutamente todas sus películas sin apoyo del Estado, el mérito es mucho mayor. La hora de los homenajes y las distinciones en el país llegaron en la última etapa de su carrera. Alzó desde el Tatú Tumpa hasta el Premio Nacional de Cultura, nunca recibió una pensión vitalicia, mas nos legó su mayor riqueza, sus películas.

Lo recuerdan

Alberto Villalpando | Músico
La obra de Jorge Ruiz es de enorme significación para la cinematografía latinoamericana. Juntos trabajamos en la musicalización de al menos 25 filmes y logramos cultivar una gran amistad. Son varias las películas de él que me gustan pero sin duda su mayor obra es Vuelve Sebastiana. El mérito de esta cinta es la consistencia dramática acompañada de un paisaje y personajes adecuados. Es una obra de arte.

Mela Márquez | Cineasta
Jorge filmaba con el alma y el corazón, era realmente un artista y un hombre muy austero en su modo de trabajar, pero muy preocupado por investigar con rigor y disciplina. Su principal consejo era ser perseverante. La Cinemateca Boliviana tiene en custodia toda su obra que por ley pertenece a su familia. Su hijo Guillermo se ha encargado de digitalizar el 80% de sus documentales y largometrajes.

Alejandro Fuentes | Productor audiovisual
Jorge Ruiz es un ícono de dignidad, de trabajo y de construcción del cine. Se convirtió en una especie de brújula para todo el que recibió su orientación y consejos, pues él se dedicaba a dar charlas siempre con su ABC del cine bajo el brazo. Hace ocho años tuvimos la gran suerte de tenerlo y homenajearlo durante el Fenavid, en el que proyectamos una retrospectiva de su obra.

Opinión

De nada sirvieron las distinciones
Ramón Rocha Monroy | Escritor
Jorge Ruiz Calvimonte vivía en un pequeño departamento ubicado en la plaza 4 de Noviembre, de Cochabamba. Un tiempo fui vecino de él y me complacía recibirlo o visitarlo para compartir un té. Era un hombre sencillo y de pocas palabras, lleno de distinciones pero con una renta muy pequeña que no le alcanzaba para nada, sobre todo a esa edad en que se necesita ir al médico especialista, hacerse análisis, rayos X, tomografías, resonancias y cuanto invento se le ocurrió a la biomédica para volver a los enfermos y a los viejos cada vez más pobres. Nadie dio señas de él y Alfonso Gumucio me aclaró que se había trasladado a un departamento en planta baja en la calle Pantaleón Dalence, a tres cuadras. Ahora comprendo que es mejor visitar a los viejos amigos que dejarlo para mañana, porque puede ser tarde.
Ya era un cineasta famoso por Vuelve Sebastiana y Mina Alaska, en medio de una producción múltiple en la cual destacó su sensibilidad social y estética como fotógrafo. Entonces le llegó el Premio Nacional de Cultura, en 2001. De nada sirvieron las distinciones a la hora de internarse para morir por una complicación respiratoria.
Este es un motivo más para volver a un viejo proyecto: el de conceder pensión vitalicia a los ciudadanos declarados Premio Nacional de Cultura o Premio Gunnar Mendoza a la Gestión Cultural, que, duele decirlo, son pocos y no ocasionarán demasiado gasto al erario. Ellos consagraron sus vidas al arte y la cultura, pero a la edad en que menguan las energías su situación es dramática, aunque por dignidad no se declaren al borde de la indigencia.

Vida y obra

Génesis. Jorge Ruiz Calvimonte nació en Sucre en 1924. Se inició en el cine en la adolescencia, filmando en 8 milímetros cortos documentales para el gobierno del presidente Enrique Peñaranda y para Yacimientos Petrolíferos Bolivianos (YPFB) en 1942.

Oportunidad. En 1947 el estadounidense Kenneth Wasson estableció una pequeña productora, Bolivia Films, para la cual Joge Ruiz y Augusto Roca realizaron varios documentales entre los años 1948 y 1951 (Ruiz como realizador y fotógrafo y Roca como técnico de laboratorio y sonidista).

Producción. En 1948 filma Virgen india (documental sonoro de 15 minutos) para un concurso auspiciado por el municipio de La Paz. Junto a Augusto Roca, con el que a la larga forjó una relación de trabajo y amistad, realizó una prolífica carrera como documentalista.

Precursor. La primera película boliviana a color y la primera centrada en el boliviano indígena fue Donde nació un imperio, que data de 1949, una producción de 20 minutos. Es a partir de esta obra que Ruiz es catalogado en Europa como el padre del cine indigenista andino.

Antecesoras. En 1951 realiza los documentales Cumbres de fe, En las noches de la historia y Los Urus. Este documental antropológico es el antecesor de Vuelve Sebastiana y Tierras olvidadas (documental a orillas del Rio Beni), todos ellos para la productora Bolivia Films.

Premiada. Vuelve Sebastiana recibió el Premio Kanthuta de Oro en el Concurso Cinematográfico de la Alcaldía de La Paz en 1955, el primer premio en la categoría de filmes folclóricos y etnográficos en el Festival de Montevideo, en 1956, la mención especial en el Festival de Santa Marghertta en Italia en 1958, la medalla de plata en la sección de premios especiales en el Festival de Cine Documental de Bilbao, España, y en 1963 la Mención especial en el Festival de San Francisco.

Partida. Jorge Ruiz falleció el martes 24 de julio de 2012 en un hospital de la ciudad de Cochabamba. Sus restos descansan en el cementerio general de la capital del valle.

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