jueves, 29 de marzo de 2012

Durazno, entretelones de la primera película ecológica boliviana

Durazno es un proyecto fílmico osado y novedoso, como pocos en la historia del cine boliviano. Es un road movie que pertenece al género de la docuficción y que cuenta una historia conmovedora e íntima. Pero son dos las características que le dan el rótulo de cine innovador: su desenlace es incierto para todos los participantes del proyecto, incluso para el personaje principal; y es una película ecológica que se enmarca en el aún experimental género del “cine orgánico”. La directora es la cochabambina Yashira Jordán y la productora es Fernanda Peñarrieta, de Tarija. Se trata de una coproducción boliviano- argentina que lleva el sello de Árbol. Más allá de la temática, el carácter ecológico del filme se plasmará desde el rodaje: toda la escenografía estará hecha de basura reciclada y en la producción no se usará ningún producto o elemento contaminante, “ni siquiera un vaso desechable, nada que agreda a la naturaleza”. El equipo de Durazno está recolectando botellas de plástico, bolsas, latas, tapitas, papeles, cartones y todo lo que pueda ser de utilidad para una escenografía en la que el cielo, por ejemplo, estará hecho con cientos de botellas de vidrio azul o bolsas de plástico celestes; el jardín de la casa, con miles de tapitas de botellas; las rejas de la vivienda, con plástico trenzado. Historia de Ezequiel Las escenas que serán filmadas en set, con la referida escenografía reciclada, representarán el pasado y los sueños del personaje principal, Ezequiel, que en la trama emprenderá un viaje desde La Plata, Argentina, hasta Cochabamba, donde llegará para la fiesta del inti watana, el año nuevo andino. Antes de llegar a Bolivia, Ezequiel buscará reconstruir su pasado y encontrar a su verdadero padre. Se trata de un joven que fue adoptado y que a lo largo de su vida tuvo cinco “padres”. Entre las evocaciones, recordará cómo su madre biológica, una bailarina de tango, le dijo un día que su padre era un señor de apellido Blanco. Durazno es una metáfora de lo que es Ezequiel. “Por fuera es suave y dulce, pero a medida que te adentras, te vas dando cuenta de que es alguien muy duro que ha vivido cosas muy oscuras”, dice Peñarrieta. Además del protagonista que encarna a Ezequiel, en el filme también interviene un actor, Nahuel Pérez Bizcayart, que lo representa en determinados momentos que se ambientan en otro tiempo y espacio. Producción Para recolectar todo el material necesario y construir las escenografías, los productores de la película habilitaron un contenedor en el café Almodóvar de la Cinemateca Boliviana de La Paz. “Lo único que no estamos aceptando son botellas de vidrio porque eso se va a recolectar en Cochabamba”, dice la directora. La propuesta de cine orgánico surgió cuando el proyecto de la película ya estaba encaminado. “Yo siempre he tenido mucho respeto por la naturaleza porque viví mucho tiempo en el campo, pero luego, con Fernanda, nos dimos cuenta de que el cine ecológico es una movida muy grande”, sostiene Yashira. Desde que el proyecto dio este giro, todos los miembros del equipo se comprometieron y empezaron a investigar todo sobre el arte reciclado. El equipo de arte está dirigido por la argentina Laura Caligiuri. Para ella, ésta es una propuesta innovadora y diferente a todo lo que había hecho hasta ahora. “No sólo por un tema plástico, sino por lo flexible”, opina. No es que el rodaje ecológico permita apertura y flexibilidad al equipo de arte, más bien la exige e impone. “Hay que ser flexible, por ejemplo, a los materiales nuevos que vayan apareciendo”, no cerrarse sólo a lo tradicional y conocido, dice. Pero además de la ecología, también existen otros valores, ciertas formas de trabajar que este grupo de cineastas promueve. Peñarrieta explica que en los rodajes usualmente se da un trato diferente a los jefes de área y a los actores con relación a los técnicos. Pero en esta película, todas las relaciones son horizontales. Para Caligiuri, este cambio de ambiente da una sensación distinta que nunca antes vio en otra producción. “Ningún trabajo está separado del de los demás”. Financiación colectiva Los recursos para rodar esta película se consiguen a través de crowfunding, una modalidad de financiamiento colectivo. Peñarrieta explica que hay páginas en internet en las que se puede lanzar determinado proyecto y conseguir donaciones o aportes de gente que considere que se trata de una buena propuesta. Kickstarter o Banancash son algunas de estas páginas. Durazno ya recaudó 10.000 dólares en dos campañas, y pronto lanzará una más, pues aún hacen falta 30.000 dólares. El proyecto es sin duda arriesgado, sui géneris. No sólo por tratarse de “cine orgánico”, sino por la historia que cuenta y la manera en que la cuenta. Sin embargo, en esta dura empresa, Yashira tiene el apoyo y confianza de sus colegas. “Es una de las pocas personas del medio por la que pondría las manos al fuego”, dice Juan Cristóbal Ríos Violand, guionista de ¿Quién mató a la llamita blanca? “Siempre he tenido mucho respeto por la naturaleza, porque viví mucho tiempo en el campo”. Yashira Jordán, directora. Ecología y estética Ecología La propuesta estética de la película implica una reflexión sobre la ecología, el respeto a la naturaleza. Los escenarios en el set de filmación estarán hechos de basura. Historia Durazno es una docuficción que cuenta una historia real. El equipo de filmación sigue a Ezequiel, que va en busca del padre que nunca conoció. El viaje se inicia en La Plata, Argentina, y concluye en Cochabamba, donde Ezequiel empezará una nueva vida en el inti watana. No se sabe si para entonces habrá logrado conocer a su padre biológico. Recolección Durazno tiene un punto de recolección de materiales en La Paz, que se encuentra en el café Almodóvar de la Cinemateca. Financiación colectiva La película se financia por medio del crowfunding. Ya cuenta con 10.000 dólares, pero faltan 30.000. El sitio web es http://duraznofilm.com/

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