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jueves, 19 de mayo de 2011

La inmigración según Kaurismäki gusta en Cannes

Con el mérito suficiente de estar a la altura de lo que se espera de él, el finlandés Aki Kaurismäki ha presentado ayer en Cannes otra ración del humor estático y el romanticismo residual que le caracteriza, pero con un plus de contenido social.

El director de "Un hombre sin pasado" o "Nubes pasajeras" compite por cuarta vez a la Palma de Oro con este filme protagonizado por un limpiabotas de la estación de Le Havre que acoge mientras su mujer está ingresada en el hospital a un adolescente africano que es perseguido por la Policía.

"La inmigración es un problema demasiado grande como para dar respuestas. Todo viene de la colonización y es un poco tarde para arreglar eso, pero si los políticos salieran de sus habitaciones de hotel y de sus Mercedes a lo mejor las cosas empezaban a cambiar un poco", ha dicho el más famoso de los realizadores finlandeses.

"Le Havre", aunque pueda tener el viraje hacia la trama social, sigue sobreponiéndose a los géneros de la misma manera que, aunque esté rodada en Francia y en francés, todo suene a Finlandia gracias al trabajo de iluminación tenue y parcial o al código dadaísta de conducta de los personajes. El universo Kaurismäki, una vez más, está por encima de las coordenadas de espacio y tiempo.

"La ciudad de Le Havre era mi última esperanza y, la verdad, es un sitio triste aunque no lo suficiente como para lo que yo quería hacer. Pero era lo más lejos que mi cabeza podía estar de Finlandia", ha explicado en rueda de prensa un director que bien podría ser un personaje de sus propias películas.

En Le Havre, entonces, construye ese microcosmos pausado e hilarante en el que, pese a lo gélido del ambiente, un corazón tenue tintinea dentro de cada personaje, lo que lleva a un muy tierno -y por su disparate intrínseco, nada moralista- cuento sobre la solidaridad.

"Finlandia y Suecia son los únicos países que no podrían haber sido escenario de esta película, porque nadie está tan desesperado como para ir allí", ha asegurado.

HUMOR E IRONÍA De ahí, al festival del humor, porque la rueda de prensa se ha convertido en una suerte de extensión de "Le Havre". Cuando Karuismäki ha sido reprendido por el moderador por encender su cigarrillo eléctrico, ha dicho: "No puedo apagarlo, necesitaría un cenicero eléctrico", para a continuación metérselo al revés en la boca.

Cuando un periodista ha empezado a preguntar "¿Le parece irónico...?", él ha cortado para responder: "Todo".

Y cuando acabó la pregunta con un "... que la esperanza exista sólo en las películas y no en la vida?", aún ha contraatacado: "Si la vida le parece decepcionante tendrá que preguntarle a ella, no a mí".

Junto a Kaurismäki, los miembros del reparto: su musa habitual, Kati Outinen, que vuelve a prestar su físico de institutriz para la heroína romántica, y los actores franceses Jean-Pierre Barroussin -habitual del cine de Robert Guediguian- y André Wilms, con el que vuelve a trabajar después de "La vie de Bohéme".

"El personaje se llama también Marx como en aquella película. Es un guiño a esa película que no vio nadie para esta, que tampoco la verá nadie", ha proseguido el director, que también ha introducido en su reparto a la perra Laika, actriz canina de quinta generación.

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